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COMENTARIO ACERCA DE MONTAGNIER
Por Eleni Papadopulos-Eleopulos y cols.
Continuum,
invierno de 1997
TRADUCCIÓN DEL TIG
Quisiéramos agradecer a Djamel Tahi y a Huw Christie por habernos
pedido que comentáramos las respuestas del profesor Luc Montagnier en su
entrevista con Djamel Tahi. Antes de hacer el comentario pensamos que sería
útil comenzar con un análisis breve de los métodos utilizados para probar la
existencia de los retrovirus, y de las pruebas de Montagnier y cols. en 1983 de
la existencia del “VIH”.
Métodos utilizados para probar la existencia de retrovirus
Generalmente se acepta que Peyton Rous descubrió los retrovirus en
1911 cuando indujo tumores malignos en pollos, inyectándoles filtrados libres de
células obtenidos de un tumor muscular. Varios investigadores repitieron
experimentos semejantes, y los filtrados que inducen tumores se hicieron
conocidos como agentes filtrables, virus filtrables, agentes de Rous, o virus de
Rous. Sin embargo, el mismo Rous dudó que los agentes que causaban tumores
fueran de naturaleza infecciosa. De hecho, Rous advirtió que “La primera
tendencia será considerar al agente activo y que se auto perpetúa de este
sarcoma de las aves de corral como un organismo parasitario pequeñísimo. La
analogía con varias enfermedades infecciosas del hombre y de los animales
inferiores, causadas por organismos ultramicroscópicos, respalda este enfoque de
los resultados, y actualmente, el trabajo se dirige hacia su comprobación
experimental. Sin embargo, no es imposible que haya una acción de otro tipo. Es
plausible que una sustancia química estimulante, producida por las células
neoplásicas, cause el tumor en otro huésped y por consiguiente, provoque una
producción adicional de la misma sustancia estimulante”.(1)
En 1928, A. E. Boycott, del departamento de patología de la Real
Sociedad de Medicina y presidente de la misma, en su discurso presidencial
titulado “La transición de lo vivo a lo muerto, la naturaleza de los virus
filtrables” señaló lo siguiente: “Creo que otro fenómeno análogo nos lleva aún
más lejos. Los productos de autolisis de las células muertas del cuerpo, en
concentración adecuada, estimulan el crecimiento de los tejidos. Es un mecanismo
maravilloso de auto regulación en que el estímulo es proporcional a la
destrucción celular, y por lo tanto al crecimiento celular requerido, y
obviamente es de máxima importancia para la sobrevivencia –un factor que incide
mucho más en la selección y evolución que cualquier enfermedad. Como sucede
normalmente cuando se curan nuestros dedos cortados, el resultado final es
simplemente la reconstrucción de las células que fueron destruidas.
Pero si se evita la restricción normal por parte de los tejidos
vecinos y se utilizan cultivos de tejidos en vitro, los productos de la
autolisis o del metabolismo (bajo la forma de extractos de tejidos, tumores, o
embriones) estimulan el crecimiento indefinidamente, y se puede obtener una
cantidad mucho mayor de tejido, comparada con la que se comenzó. De la autolisis
de este tejido se puede obtener más sustancia estimulante, y no parece que haya
razones por las que este proceso de multiplicación tenga que tener algún límite:
los tejidos normales, durante el aislamiento físico de cultivos de tejidos en
vitro, son tan inmortales como los tejidos malignos durante su aislamiento
fisiológico del resto del cuerpo... Estos productos de la autolisis... casi no
recibieron la atención que merecen, pero probablemente están compuestos por
elementos relativamente simples y detectables. Sin embargo, cuando se aplican a
las células, las hacen crecer, y así aumentan potencialmente su propio número;
esto es lo que hace el agente de Rous... En lo que respecta a su origen, todas
las pruebas parecen coincidir en indicar que el virus de Rous se origina
de novo en cada tumor. No existen
pruebas epidemiológicas de que el cáncer llegue al organismo desde afuera; todo
lo que sabemos respalda el enfoque clásico de que es una enfermedad local
autóctona. Los sarcomas experimentales producidos por el extracto de embrión y
el indol, el arsénico o el alquitrán fueron transmitidos por los filtrados. Los
epiteliomas se producen fácilmente en los ratones utilizando alquitrán, y en el
hombre mediante la irritación crónica; y si creemos que todos los tumores
malignos contienen más o menos un agente cancerígeno semejante al virus de Rous,
se deduce que podemos estimular con bastante certeza los tejidos normales para
que produzcan virus”. (2)
Diez años antes, en un artículo titulado “La teoría de los
plasmagenes como origen del cáncer”, en el que Darlington discutía la inducción
del cáncer mediante el agente de Rous, los virus filtrables, y las partículas
“que se autopropagan” transmitidas por herencia pero que están afuera del
núcleo, se hallan en las plantas y a las que “se las conoce como plasmagenes”,
escribió lo siguiente: “Se verá que estas infecciones son artificiales, o al
menos innaturales. Aunque no se la considere, ahora hace tiempo que en el debate
de los virus de las plantas se conoce la distinción entre infección natural y
artificial. Se pueden transmitir una serie de trastornos aberrantes del
progenitor al descendiente, e inclusive algunos de ellos han aparecido en un
descendiente después de que éste ha sido injertado en un cepo sano. Éstas son
enfermedades artificiales que no se transmiten en estado natural, sino
únicamente a través del injerto. Algunas enfermedades pueden haber sido
originadas por la mutación de las proteínas que se autopropagan en las células
de las plantas propagadas durante largos períodos a través de medios vegetativos
(como los tumores). Otras enfermedades seguramente emergieron por la migración o
injerto de proteínas de un organismo a otro. De todos modos, tienen una
capacidad infecciosa que sólo pueden revelar en circunstancias artificiales...
Por lo tanto, cometemos un grave error en llamarlas virus; son
provirus... Vale la pena responder a
otra pregunta: ¿Qué forma podría tomar la proteína mutante en la célula tumoral?
Debido a su multiplicación veloz, podría muy bien presentar un mayor nivel de
agregación que el de su progenitor. Entonces, aparecería como una partícula
extraña en la célula mutante. Esto fue confirmado por Claude, Porter y Pickels
(en 1947) en sus observaciones al microscopio electrónico de dos agentes
tumorales de los pollos de la clase de los provirus”.
(3)
La observación al microscopio electrónico de Claude y cols. es el
primer informe acerca de la presencia de partículas semejantes a los virus en un
tumor, las primeras micrografías electrónicas del “virus de Rous”.
Inmediatamente después, muchos otros investigadores informaron de la presencia
de este tipo de partículas en varios tumores, y tal como Boycott predijo, en los
“tejidos normales estimulados”. Respecto a la predicción de Darlington de que
aquellas partículas pueden ser debidas a “un mayor nivel de agregación” del
citoplasma, puede ser interesante notar que: (a) para que se produzcan
proteínas, ácidos nucleicos, o la agregación de proteína y/o ácido nucleico
(condensación, contracción), es necesaria la oxidación; (4) (b) los tejidos
tumorales están oxidados; (4) y (c) todos los agentes utilizados para “estimular
los tejidos normales” para que induzcan a los retrovirus son agentes oxidantes.
(5-7)
En los años 40 del siglo veinte, a continuación del desarrollo de
la microscopía electrónica (EM) y de la técnica de ultracentrifugación en
gradientes de densidad, las partículas observadas en los tejidos malignos podían
ser aisladas y por lo tanto purificadas, es decir, separadas de todo lo demás.
Dado que estas partículas fueron vistas en tejidos malignos, “se considera que
las partículas constituyen el agente etiológico de la enfermedad”, y para los
años 50 del siglo veinte los agentes filtrables de Rous se hicieron conocidos
como oncovirus (onkos =
tumor). La
característica morfológica principal de estas partículas es una variedad de
diámetros restringida, y la característica física principal es su densidad. (8)
Cuando se determinó la ultraestructura de estas partículas, se las definió como
partículas con un diámetro de 100-120 nm que contenían “cuerpos (núcleos)
internos condensados” y superficies “tachonadas de salientes (puntas,
protuberancias)”. (9)
Para los años 50 del siglo veinte,
retrovirólogos famosos, como por ejemplo J. W. Beard, reconocieron que las
células, incluso las que no están infectadas, bajo diversas condiciones, eran
responsables de generar una serie heterogénea de partículas, algunas de las
cuales pueden parecer oncovirus. Este “problema de las partículas” impulsó a que
se opinara que para probar la existencia de un retrovirus “el esquema del
enfoque (tal como fue bien ilustrado por aquel enfoque concebido y ensayado
rigurosamente en las investigaciones de los agentes virales), es relativamente
simple, y consiste en: (1) el aislamiento de las partículas que interesan; (2)
recuperación (purificación) en una preparación dada, de las partículas que son
homogéneas respecto a la clase de partícula; (3) identificación de las
partículas, y (4) análisis y caracterización de las partículas, para encontrar
las propiedades físicas, químicas, o biológicas deseadas”. Beard también recalcó
que “la identificación, caracterización, y análisis están sujetos a
procedimientos reconocidos, determinados por investigaciones intensivas, y las
posibilidades no han sido agotadas de ninguna manera. Aunque parezca mentira, es
en este campo en donde se ven los defectos más frecuentes, que a veces están
relacionados con evadir los procedimientos, o con su aplicación a materiales
inadecuados. Tal como fue previsto, una gran parte del interés en los aspectos
más tediosos del aislamiento y análisis de partículas ha sido desviado por los
procesos más simples e indudablemente informativos de la microscopía
electrónica. Se puede aprender mucho y rápidamente con el instrumento,
sin embargo, está claro que los resultados
obtenidos con el mismo nunca pueden sustituir, y muy frecuentemente pueden
incluso llegar a impedir ver claramente que hay que realizar análisis
fundamentales y críticos que dependen del acceso a los materiales homogéneos”.
(10) (cursivas añadidas)
Los retrovirólogos también concordaron en que los “Viriones de los
RTV (retrovirus) tienen una densidad flotante característica, y la técnica
preferida para la purificación de los RTV es la centrifugación al equilibrio en
los gradientes de densidad”. (11) En un simposio europeo sobre el uso de la
centrifugación en gradientes de densidad, que se llevó a cabo en 1972 en el
Instituto Pasteur, cuyo secretario era Jean-Claude Chermann, se remarcó que una
vez que se bandean los fluidos en un cultivo en vitro (sobrenadantes), se debe
ensayar en su totalidad la banda de densidad en la cual se atrapan los
retrovirus (que varía ligeramente según la sustancia utilizada para producir los
gradientes). El ensayo consiste en lo siguiente:
“Ensayos empleados para detectar los virus de los tumores a ARN
Físicos
Microscopía electrónica (tinción negativa y sección ultrafina)
Conteo de los virus
Morfología
Pureza
Bioquímicos
Transcriptasa inversa
ARN 60-70S, ARN total
Proteínas totales
Análisis con gel de proteínas virales y del huésped, y ácidos
nucleicos
Inmunológicos
Difusión sobre gel
Fijación complementaria*
Immunofluorescencia*
Biológicos
Capacidad infecciosa en vivo
Capacidad infecciosa en vitro
* Con reactivos específicos para los antígenos gs y env dotados de
envoltura e internos”. (12)
(La transcripta inversa es una enzima que fue descubierta por
primera vez en 1970 en los oncovirus, (13) de ahí que se los llame actualmente
retrovirus, y el ARN 60-70S es el ARN “viral”. A veces, a los retrovirus se los
denomina virus tumorales a ARN, porque su genoma está compuesto por ARN y no por
ADN).
Así, el método especificado en 1972 en el Instituto Pasteur no es
diferente del que analizó J. W. Beard dos décadas antes. Efectivamente, el
método es lógica básica aplicada a la definición de un virus. Es imposible
afirmar que una proteína o un ARN son retrovirales, a menos que antes no se
demuestre que son componentes de una partícula y de que la partícula es
infecciosa. Tal como se puede ver, el primer paso consiste en observar al
microscopio electrónico para demostrar que la banda contiene partículas con las
características morfológicas de los retrovirus, y tal como señalaron en la
reunión en el Instituto Pasteur Francoise Barré-Sinoussi y Jean Claude Chermann,
también para demostrar que la banda es pura, es decir, que contiene nada más que
partículas que “no tienen diferencias obvias en la apariencia física”. (14)
El segundo paso en el ensayo del material a 1,16g/ml es probar que
las partículas son capaces de transcribir inversamente el ARN a ADN. Sin
embargo, tal como el mismo Gallo advirtió acerca de la detección de partículas,
inclusive aquéllas que contienen transcriptasa inversa, ello no constituye una
prueba suficiente para demostrar que una partícula sea un retrovirus. La prueba
completa depende de experimentos: (a) que obtengan partículas de un cultivo en
vitro donde están separadas de todo lo demás (aisladas), que demuestren que las
partículas contienen proteínas y ARN pero no ADN, y que las proteínas están
codificadas por el ARN (el genoma viral); (b) que demuestren que cuando se
introducen las partículas en un cultivo en vitro de células no infectadas, las
partículas entran en las células, se transcribe inversamente el ARN de las
partículas a ADN, que se incorpora al ADN celular; (c) que demuestren que a su
vez estas células producen partículas semejantes a aquellas retrovirales; (d)
que demuestren que las partículas producidas por estas células contienen
proteínas y ARN que son idénticos a los de las partículas originales
introducidas en las células; y (e) que demuestren que los cultivos celulares en
vitro idénticos a los cultivos en vitro en los que se introdujeron las
partículas semejantes a los retrovirus, no producen dichas partículas cuando se
las cultiva en vitro exactamente en las mismas condiciones, pero sí lo hacen si
en lugar de introducir partículas retrovirales, se introduce algún otro material
de cultivo en vitro, como por ejemplo microvesículas celulares. Esto se debe al
hecho de que, a diferencia de cualquier otro agente infeccioso, todas las
células contienen genomas retrovirales que bajo condiciones apropiadas, se
pueden manifestar en el cultivo en vitro. Es decir, eso puede que conlleve a la
aparición de retrovirus, conocidos como retrovirus endógenos. Por consiguiente,
tanto las células en el cultivo en vitro de las que se obtuvieron las partículas
originales, como el cultivo en vitro en el cual se introdujeron estas
partículas, pueden producir partículas retrovirales idénticas, aun en el caso de
que las partículas que fueron introducidas no fuesen infecciosas. Por lo tanto,
es absolutamente imprescindible contar con grupos de control adecuados.
Así, para probar la existencia de un retrovirus, se deben aislar y
analizar dos veces las partículas semejantes a los retrovirus. La primera vez,
para obtener y analizar los componentes de las partículas producidas en el
primer cultivo en vitro. Y la segunda vez, para probar que las partículas
producidas por las células en el segundo cultivo en vitro, si es que llega a
producirse alguna, son idénticas a las partículas ancestrales. Hay que advertir
que en este procedimiento es decisivo utilizar técnicas experimentales para
poder controlar los efectos del co-cultivo en vitro, los agentes químicos, y
otros muchos factores que, por sí mismos, pueden inducir a fenómenos
retrovirales independientes de la infección retroviral exógena. (15-17)
Para concluir, al comienzo de los años 80 del siglo veinte, los
retrovirólogos se pusieron de acuerdo que para poder probar la existencia de los
retrovirus, primero se deben aislar (purificar) las partículas que se postulan,
y el método para lograrlo es el bandeo en un gradiente de densidad.
Síntesis
del artículo de Montagnier y colegas de 1983 publicado
en Science
Luc Montagnier y sus colegas del Instituto Pasteur y otros
investigadores franceses publicaron un artículo en 1983 al que se considera como
el primer estudio en que se demostró la existencia del “VIH”. El artículo se
titula: “Aislamiento de un retrovirus linfotrópico T de un paciente que está a
riesgo del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (Sida)” (18), cuya autora
principal era Francoise Barré-Sinoussi, y Jean Claude Chermann el otro co-autor.
La afirmación de los autores de que habían aislado un retrovirus y de que así
habían probado su existencia, se basaba en los experimentos siguientes:
1. Los linfocitos procedentes
de los ganglios linfáticos de dos pacientes con linfoadenopatías, como también
las células mononucleares de la sangre periférica de estos pacientes “fueron
colocados en un medio de cultivo que contenía fitohemaglutinina (PHA), factor de
crecimiento de las células T (TCGF), y antisuero contra el interferón humano...
Anteriormente, habíamos mostrado en los ratones que el antisuero contra el
interferón podría aumentar la producción de retrovirus de 10 a 50 veces”. Para
poder detectar actividad de transcriptasa inversa (RT), se realizaron ensayos
con regularidad en los sobrenadantes, utilizando el iniciador sintético
An.dT12-18. “Después de 15 días de cultivo en vitro, se detectó una actividad de
transcriptasa inversa en el sobrenadante del cultivo en vitro de los ganglios
linfáticos” de uno de los pacientes, el primer paciente (no mencionan el nivel
de actividad). “Los resultados obtenidos de los linfocitos de la sangre
periférica cultivados en vitro del mismo modo fueron sistemáticamente negativos
respecto a la actividad de transcriptasa inversa, incluso después de 6 semanas”.
Lo mismo sucedió en ambos cultivos en vitro procedentes del segundo paciente.
Aparentemente, se consideró la detección de actividad RT como prueba de
infección por un retrovirus.
2. Se cultivaron en vitro
linfocitos de un donante de sangre adulto y sano (no se indicaron las
condiciones de cultivo en vitro), y después de tres días, la mitad del cultivo
en vitro fue co-cultivada en vitro con linfocitos procedentes del cultivo en
vitro del paciente donde se detectó RT (tampoco se indicaron las condiciones).
“Se logró detectar actividad de transcriptasa inversa en el sobrenadante al
quinceavo día de los co-cultivos en vitro” (no se indicó el nivel de actividad),
pero no en el cultivo en vitro del donante de sangre (no se menciona si las
condiciones en el cultivo en vitro del donante de sangre eran las mismas que en
las del co-cultivo en vitro. Sin embargo, es obvio que las células del donante
de sangre no fueron co-cultivadas en vitro con linfocitos procedentes de los
ganglios linfáticos de pacientes que no estaban a riesgo de Sida, pero que no
obstante tenían anomalías similares, tanto clínicas como de laboratorio, a las
del paciente número uno. Dado que el co-cultivo en vitro conlleva a la aparición
de retrovirus endógenos, ésta es una omisión significativa del protocolo
experimental).
3. Se cultivaron en vitro
linfocitos normales del cordón umbilical durante tres días (no se indicaron las
condiciones de cultivo en vitro), después de lo cual se agregaron los
sobrenadantes del co-cultivo en vitro y polibreno. “Después de un periodo de
latencia de 7 días, se detectó un título relativamente elevado de actividad de
transcriptasa inversa” (de hecho, la actividad fue relativamente baja, no más de
8.000 conteos por minuto). Se informó de la presencia de una actividad de fondo
qua alcanzaba 4.000 conteos por minuto. (19) Los “cultivos en vitro idénticos” a
los que no se había agregado un sobrenadante, permanecieron negativos (puesto
que no se agregó un sobrenadante, los cultivos en vitro no podían ser idénticos.
Dado que el sobrenadante procedente de cultivos en vitro no infectados agregados
a células no infectadas normales conlleva a la aparición de retrovirus
endógenos, ésta también es una diferencia significativa). Los autores,
comentando los resultados de los tres experimentos, escribieron: “Estas dos
infecciones sucesivas muestran claramente que el virus se podía propagar en
linfocitos normales, procedentes tanto de neonatos como de adultos”.
Aparentemente, también se consideró a las conclusiones de los tres experimentos
como prueba del “aislamiento”; no obstante, “El hecho de que este nuevo extracto
se trataba de un retrovirus, fue indicado adicionalmente por su densidad en un
gradiente de sacarosa, que era de 1,16”.
4. Las pruebas procedentes de
los gradientes de sacarosa se componían de dos partes: (a) El sobrenadante
procedente de los linfocitos de la sangre del cordón umbilical, en donde se
detectó actividad RT, fue bandeado en gradientes de densidad de sacarosa. Se
informó de la detección de actividad RT máxima en la banda 1,16g/ml, y (b) Se
agregó metionina al cultivo de linfocitos de la sangre del cordón umbilical en
vitro donde fue detectada actividad RT [35S], o sea, metionina radiactiva, un
aminoácido que se incorpora en las cadenas de proteínas que se están
desarrollando, y cuya radiactividad permite detectar dichas proteínas. Se
llevaron a cabo dos tipos de experimentos con este cultivo en vitro, uno con
células, y el otro con el sobrenadante: (i) un extracto de célula fue lisado
(quebrado) y centrifugado. Se agregaron diversos sueros (que contienen
anticuerpos) a partes del sobrenadante celular y se electroforizaron las
proteínas (fueron separadas mediante un campo eléctrico) sobre un gel en una
lámina de poliacrilamida-SDS. Se encontró que varias proteínas habían
reaccionado, no sólo con los sueros procedentes de los dos pacientes con
linfoadenopatías múltiples, sino también con los sueros procedentes de un
donante sano y de una cabra sana; y (ii) el sobrenadante del cultivo en vitro
fue bandeado en un gradiente de densidad de sacarosa.
Aunque no se hayan mencionado los estudios con
el EM de la banda a 1,16g/ml, se afirmó que la banda representaba un “virus
purificado y clasificado procedente del paciente 1”, y se la hizo reaccionar con
el suero respectivo de los dos pacientes, así como con el de los dos donantes de
sangre sanos, y fue tratada de la misma manera con que fue tratado el extracto
celular. Aunque en los manuscritos publicados es prácticamente imposible
distinguir proteínas que reaccionan con cualquier suero, aun con sueros
procedentes de los dos pacientes, en el texto se afirma que “cuando
se analizó [se hizo reaccionar con los sueros]
el virus purificado y marcado [la banda a 1,16g/ml], se vieron tres
proteínas importantes: la proteína p25, y las proteínas con pesos moleculares de
80.000 y 45.000. La aparición de la proteína 45K puede ser debida a
contaminación del virus por medio de la actina celular que estaba presente en
los inmunoprecipitados de todos los extractos celulares” (cursivas añadidas).
Los estudios con el EM del cultivo en vitro de linfocitos de la sangre del
cordón umbilical “mostraron la presencia de partículas inmaduras
características, con gemación creciente y densa (de tipo C) en la membrana
plasmática... El virus es un virus tumoral a ARN de tipo C típico”.
Comentarios sobre las respuestas de Montagnier
A1.
1. Si “el cultivo en vitro, purificación del material por ultracentrifugación,
micrografías al microscopio electrónico (EM) del material que bandea a la
densidad de los retrovirus, caracterización de aquellas partículas, prueba de la
capacidad infecciosa de las partículas” no es un aislamiento, entonces ¿por qué
en 1983 Montagnier y sus colegas afirmaron que aislaron el “VIH” realizando
todos estos procedimientos, o realizando todos estos procedimientos excepto uno
(no han presentado ninguna micrografía EM del material bandeado)? ¿Por qué en el
artículo de 1984, en el que afirman que llevaron a cabo el primer aislamiento
del “VIH” a partir de los hemofílicos, así como en otros artículos del mismo año
en los cuales también afirman que obtuvieron el aislamiento del “VIH”, han
seguido o afirman que siguieron todos estos pasos excepto uno? (20-21) ¿Por qué
en su estudio titulado “Caracterización de la ADN polimerasa dependiente del ARN
de un nuevo retrovirus linfotrópico T humano (virus asociado a la
linfoadenopatía)” (22) afirmaron que el virus fue “purificado en un gradiente de
sacarosa utilizando la centrifugación isopícnica (8)”? La referencia número 8 es
el artículo presentado por Sinoussi y Chermann en el Simposio que se realizó en
el Instituto Pasteur de 1972, donde remarcaron la importancia de demostrar que
el material bandeado contenía nada más que partículas que “no presentaban
diferencias obvias en la apariencia física”.
(14)
2. El hallazgo de algunos o todos los fenómenos que Montagnier
esboza, no son prueba de aislamiento. Estos fenómenos únicamente pueden ser
considerados prueba de detección viral, siempre y cuando sean específicos de los
retrovirus. La palabra “aislamiento” deriva del latín “insulatus” que significa
“transformado en una isla”, y se refiere a la acción de separar un objeto de
toda la materia extraña que no es ese objeto. Aquí el objeto de interés es una
partícula retroviral. Las palabras “aislamiento” y “transmisión” tienen
significados diferentes y bien diferenciados. “Aislar” significa obtener un
objeto, por ejemplo, una partícula retroviral, separada de todo lo demás.
“Transmitir” significa transferir un objeto (que puede estar aislado o no) de un
lugar a otro, como por ejemplo de un cultivo en vitro a otro. Por consiguiente,
aunque se suponga que ese “algo” que Montagnier y sus colegas transmitieron de
un cultivo en vitro a otro, transfiriendo células o sobrenadantes de los
cultivos en vitro, era un retrovirus, y que fue transmitido a un número infinito
de cultivos en vitro sucesivos, eso aún no es prueba de aislamiento. Por
ejemplo, si se tienen una serie de botellas con agua en las que a la primera se
le añade un colorante, después se toma una parte de la primera y se la coloca en
la segunda, y de la segunda se pasa una muestra a la tercera, etc.,
evidentemente este procedimiento no aisló el colorante del agua.
Un cultivo en vitro contiene una miríada de cosas y por lo tanto,
por definición, no es prueba de aislamiento de un objeto. El único modo posible
para poder afirmar que se “hizo un cultivo en vitro del virus” es haber contado
con la prueba de la existencia del virus antes de hacer un cultivo en vitro. Lo
único que Montagnier y sus colegas demuestran es la aparición de actividad RT en
el co-cultivo en vitro con “linfocitos procedentes de un donante de sangre”. La
detección de una enzima en un cultivo en vitro, aunque sea específica de los
retrovirus, no es prueba de aislamiento. Por ejemplo, la medición de las enzimas
cardíacas o hepáticas en caso de infarto de miocardio o hepatitis
respectivamente, no puede ser interpretada como “aislamiento” del corazón o del
hígado. El hallazgo de partículas con las características morfológicas de los
retrovirus en el cultivo en vitro, y de actividad de transcriptasa inversa en el
cultivo en vitro o en la banda a 1,16g/ml, aunque sean “verdaderamente
específicas de los retrovirus” no es prueba de aislamiento retroviral. Aunque
Montagnier y sus colegas sabían de antemano que algunas proteínas presentes en
el cultivo en vitro o en la banda a 1,16g/ml eran retrovirales, y que los
pacientes tenían anticuerpos retrovirales que reaccioaban con esas proteínas,
dicha reacción no es prueba de aislamiento. El razonamiento basado en analogías,
o incluso en el conocimiento de otros retrovirus, no puede ser interpretado como
prueba de aislamiento. Por ejemplo, la observación de algo en el océano que
parece un pez (aunque sea un pez), no equivale a tener el pez en la sartén
separado de todo lo demás que se encuentra en el océano.
3.
Estamos de acuerdo con Gallo de que Montagnier y cols. no presentaron ninguna
prueba de “aislamiento verdadero” de un retrovirus o de cualquier retrovirus, ni
viejo ni nuevo, ni exógeno ni endógeno.
4. El “conocimiento de otros retrovirus” demuestra que no todas las
partículas con actividad RT y “propiedades visuales de retrovirus” son virus.
Éste es un hecho reconocido, incluso por Gallo bastante antes de la era del
Sida. (23) Es más, demuestra que la RT no es “realmente específica de los
retrovirus”. Las células no infectadas, como también las bacterias y los virus,
además de los retrovirus, presentan RT. Según algunos de los retrovirólogos más
conocidos, entre los que se encuentran los mismos descubridores de la
transcriptasa inversa, así como también Harold Varmus, premio Nobel y director
del Instituto nacional norteamericano de salud, las transcriptasas inversas
están presentes en todas las células, incluso en las bacterias. (13, 24-25) En
efecto, la actividad RT fue encontrada en diversas líneas celulares de las que
se “aísla” el “VIH”, incluso en la H9 y la CEM, así como en los linfocitos
normales, aun cuando no están infectados por el “VIH”. (26-27) Los mismos
Montagnier, Barré-Sinoussi y Chermann demostraron que la actividad RT no es
específica de los retrovirus. En su artículo de 1972, Barré-Sinoussi y Chermann
escribieron lo siguiente: “Había una actividad significativa en la zona de la
muestra y en el máximo de sedimentación más veloz, que estaba compuesta
principalmente por residuos celulares. Se puede explicar esta actividad
enzimática por la presencia de partículas de algunos virus en estas zonas, y
puesto que se halló una actividad polimerásica similar en células normales, se
puede atribuir esta actividad enzimática principalmente a la enzima celular”. En
esta entrevista, cuando Luc Montagnier responde a la pregunta 14, dice: “Por
ejemplo, un día tuve un máximo de RT muy bueno que me dio F. Barré-Sinoussi con
una densidad un poco más alta, de 1,19, ¡y lo controlé! Era un micoplasma, no un
retrovirus”. Entonces, ¿cómo es posible que Montagnier diga que la RT es
específica de los retrovirus? Estamos de acuerdo en que la actividad RT es
característica de los retrovirus. Sin embargo, “específico” no significa lo
mismo que “característico”. El pelo es una característica de los seres humanos,
pero no todos los animales con pelo son seres humanos.
5.
Aislar significa obtener un objeto separado de todo lo demás.
Los retrovirus son partículas y ninguna “analogía” puede demostrar
que se aisló una partícula retroviral. “El conocimiento de otros retrovirus”
puede ayudar a elegir el mejor método para lograr el aislamiento. El
“conocimiento de otros retrovirus” demuestra que el mejor método, pero de
ninguna manera perfecto, para aislar y demostrar la existencia de los
retrovirus, es llevar a cabo un bandeo isopícnico (densidad idéntica de
partícula y porción del gradiente), y realizar todos los ensayos especificados
en el Simposio del Instituto Pasteur de 1972. Además, el “conocimiento de otros
retrovirus” demuestra que no existe nada de específico en lo que respecta a la
morfología de las partículas retrovirales, las reacciones proteína-anticuerpo, e
incluso en el bandeo a la densidad de 1,16g/ml en gradientes de densidad de
sacarosa. Las partículas retrovirales bandean a una densidad de 1,16g/ml, pero
no todo lo que se encuentra a esa densidad es un retrovirus, como las partículas
con la morfología de partículas retrovirales. (11-13, 28) Para recordarnos que
esto es así, no se necesita más que considerar el “primer” retrovirus humano, el
“HL23V”.
A mediados de los años 70 del siglo veinte, Gallo y sus colegas
informaron del aislamiento del primer retrovirus humano. De hecho, las pruebas
del aislamiento del “HL23V” superaron a las pruebas de Montagnier y cols. y a
las de todos los otros, comparadas con las del “VIH” en por lo menos tres
aspectos importantes: a diferencia del “VIH”, en el caso del “HL23V”, el grupo
de Gallo (a) informó que detectó actividad RT en leucocitos frescos, no
cultivados en vitro; (b) no necesitaron estimular sus cultivos celulares en
vitro con diferentes agentes (tanto Montagnier como Gallo admiten que no se
puede detectar ninguno de los fenómenos que ellos afirman que demuestran la
existencia del “VIH”, a menos que no se estimulen los cultivos en vitro con
varios agentes); y (c) publicaron una micrografía electrónica de partículas que
se parecen a virus y que bandean a una densidad de sacarosa de 1,16g/ml. (23-29)
No obstante, hoy en día nadie, ni siquiera Gallo, considera al “HL23V” como el
primer retrovirus humano, o incluso un retrovirus (para un debate más detallado,
véase Papadopulos-Eleopulos y cols. (30-32)). No debemos olvidar lo que también
se sabe sobre los retrovirus: (a) la lección que nos brinda la enzima adenosin
trifosfatasa. Como la RT, a esta enzima se la consideraba específica de los
retrovirus, y al menos en los años 50 del siglo veinte, fue utilizada no sólo
para su detección y caracterización, sino también para su cuantificación. (8-11)
Sin embargo, actualmente se acepta que se trata de una de las enzimas más
ampliamente difundidas; y (b) un porcentaje de sueros mucho más elevado
procedente de pacientes con Sida y de los que están a riesgo, reacciona más con
proteínas de retrovirus endógenos que con el suero de sujetos sanos, o sea, el
70% en comparación al 3%.
(33)
A2.
1. Es verdad que Montagnier y sus colegas hallaron un máximo de actividad RT a
la densidad de 1,16g/ml. Sin embargo, el hallazgo de este máximo no es prueba de
que la banda estaba compuesta por partículas de retrovirus, sean puras o
impuras. Por lo tanto, no se puede considerar esta evidencia como prueba de que
“se cumplió el criterio de purificación”.
2. En la misma edición de
Science en la que Montagnier y sus colegas publicaron sus estudios, Gallo
señaló que “la envoltura vírica, que se requiere para poder tener capacidad
infecciosa, es muy frágil, tiende a desprenderse cuando el virus gema de las
células infectadas, por lo tanto vuelve a las partículas incapaz de infectar
nuevas células”. Por eso Gallo afirmó que “se puede requerir contacto directo
entre las células para que tenga lugar la infección retroviral”. (34)
Actualmente, todos los expertos del “VIH” están de acuerdo en que, para que el
“VIH” tenga capacidad infecciosa, es absolutamente necesaria la presencia de la
gp120. En 1993 el mismo Montagnier dijo que para que las partículas del “VIH”
sean infecciosas, primero deben fijarse al receptor celular CD4, y que “La gp120
es responsable de adherir el receptor CD4”. (35-36) Sin embargo, hasta la fecha,
nadie publicó ninguna micrografía EM de partículas libres de células que tengan
el tamaño de partículas retrovirales y que también tengan protuberancias,
puntas, o sea, la gp120, ni siquiera Hans Gelderblom y sus colegas del Instituto
Koch de Berlín, que han realizado los estudios de microscopía electrónica más
detallados de las partículas presentes en los cultivos y/o co-cultivos en vitro
que contienen tejidos procedentes de pacientes de Sida. En una de sus
publicaciones más recientes en la que se discute este asunto, ellos calculan que
inmediatamente después de haber sido producidas, las “partículas del VIH” tienen
un promedio de 0,5 protuberancias por partícula, pero también señalaron “que era
posible observar estructuras que se asemejan a protuberancias, aun cuando la
gp120 no estuviese presente, es decir, falsos positivos”.
(37)
Esto significa que ni Montagnier, ni sus colegas, ni nadie más
posteriormente fue capaz de infectar los cultivos en vitro de células
procedentes de donantes sanos, de linfocitos del cordón umbilical, o de
cualquier otro cultivo en vitro que contuviera el “VIH purificado”, y ni
siquiera de los fluidos libres de células (el sobrenadante de los cultivos en
vitro),
aunque el virus “purificado” no contuviera otra cosa que partículas.
Es decir, es imposible que Montagnier y sus colegas hayan obtenido alguna
capacidad infecciosa, ni siquiera “un poco” con el sobrenadante del cultivo en
vitro o con el “virus purificado clasificado”. Por la misma razón, la “segunda
cepa” no pudo haber sido contaminada por “la primera”. Además, puesto que
Montagnier y cols. proporcionaron a Gallo sobrenadantes libres de células,
habría sido imposible que los cultivos en vitro de Gallo hubiesen sido
contaminados por el BRU, el LAI, o una mezcla de ambos.
3. El virus de Montagnier no procedía “de un paciente
asintomático”, sino de un paciente con “linfoadenopatía y astenia”. Ni en su
estudio, ni tampoco hoy en día después de que pasaran casi quince años del
“VIH”, existe ninguna prueba de la existencia de un retrovirus humano que tenga
la capacidad de “matar células”. El estudio que ahora se menciona más a menudo
como prueba de que el “VIH” mata las células T4, y que se lo considera el “sello
distintivo” del Sida, fue publicado en 1984 por Montagnier y sus colegas. Ellos
cultivaron células CD4+ (T4) en vitro procedentes de un paciente hemofílico que
era “portador asintomático de un virus”, “en presencia de fitohemaglutinina
(PHA), seguida de IL-2”. Detectaron actividad RT en el cultivo en vitro y
“partículas de virus caracterizadas por un núcleo excéntrico pequeño”. Midieron
el número de células T4 (CD4+) en el cultivo en vitro contando el número de
células capaces de fijar un anticuerpo monoclonal, al que se lo considera
específico en relación a la proteína CD4. Con el pasar del tiempo, disminuyó el
número de células que eran capaces de hacerlo. Al discutir su hallazgo,
escribieron: “Este fenómeno fascinante puede ser debido a una modulación en la
membrana celular inducida por un virus, o por un impedimento estérico del sitio
de enlace del anticuerpo”, es decir, según ellos, la disminución no es debida a
la eliminación de células. (38-39)
Dados sus resultados, no sorprende la conclusión a la que llegaron
de que la disminución de células T4 no es debida a la eliminación de células.
Sin embargo, lo que sí sorprende es su conclusión de que el efecto puede ser
inducido por el “virus”. Montagnier y sus colegas eran conscientes de la pruebas
experimentales que demostraban que bajo ciertas condiciones (como la exposición
a la PHA, a la IL-2, y a otros agentes oxidantes), la disminución de células T4
tiene lugar en ausencia del VIH. En este tipo de cultivo en vitro, las células T
pierden su marker CD4 y adquieren otros markers, incluyendo el CD8, mientras que
el número total de células T permanece constante. (40-43) Es más, tenían pruebas
de que en las “células infectadas, no se puede detectar este fenómeno, a menos
que se estimule el cultivo en vitro con sustancias como la PHA, o antígenos”
(las proteínas, como las proteínas “no-VIH” presentes en los cultivos en vitro
“infectados” (39)). Dados los hechos mencionados, es aún más sorprendente que
Montagnier y sus colegas no hayan tenido grupos de control, es decir, cultivos
en vitro de células T4 procedentes de pacientes que no estaban a riesgo de Sida,
pero que sin embargo estaban enfermos, y a los cuales añadieran PHA e IL-2.
Gallo y sus colegas informaron de dichos experimentos en 1986, y presentaron los
resultados de tres cultivos celulares en vitro que contenían un 34% de células
CD4, que para comenzar: un cultivo en vitro fue “infectado” y estimulado con
PHA, el otro no fue infectado pero fue estimulado con PHA, y el tercero no fue
ni infectado ni estimulado. Después de dos días de cultivo en vitro, la
proporción de células CD4+ en el cultivo en vitro estimulado-no infectado y en
el estimulado-infectado fue del 30% y del 28% respectivamente, mientras que a
los 6 días el número fue del 10% y del 3%. El número de células CD4+ no cambió
significativamente en el cultivo en vitro no infectado y no estimulado.
(44)
Para
1991 Montagnier y sus colegas habían realizado experimentos con células no
infectadas y no estimuladas, cuando estudiaron la apoptosis inducida por el
“VIH”, que se la consideraba (y aún es considerada por muchos) el mecanismo de
principio por el que el “VIH” mata las células. Ellos demostraron que en
cultivos celulares CEM en vitro que estaban intensamente “infectados por el
VIH”, y en presencia del agente de remoción del micoplasma, la muerte celular
(apoptosis) es máxima a los 6 o 7 días posteriores a la infección, “mientras que
la producción máxima de virus tenía lugar de 10 a17 días después”, es decir, el
efecto máximo precedía a la causa máxima. En las células CEM “infectadas”
crónicamente, y en la línea celular monocítica
U937 no se detectó ninguna apoptosis, aun cuando “estas células
producían continuamente virus infeccioso”. En los linfocitos CD4 aislados de un
donante normal, estimulados con PHA e “infectados por el VIH” en presencia de
IL-2, se detecta la apoptosis 3 días después de la infección y es claramente
obvia al cuarto día. “Es fascinante que al quinto día” se pudo detectar la
apoptosis en células “no infectadas”, pero estimuladas con PHA. Ellos
concluyeron que “estos resultados demuestran que la infección por el VIH de las
células mononucleares de la sangre periférica causa apoptosis, un mecanismo que
también podría tener lugar en ausencia de infección, a causa del tratamiento
mitogénico de estas células”. (45) En conclusión, todos los resultados
disponibles actualmente demuestran que la “infección por el VIH”, en ausencia de
agentes estimulantes, ni disminuye el número de células T4 ni induce la
apoptosis, mientras que los agentes estimulantes (semejantes a los que están
expuestos los pacientes que están a riesgo de desarrollar Sida) sí lo hacen en
ausencia del “VIH”. Es decir, que ni el “VIH” con el que Montagnier y sus
colegas se “tropezaron” al comienzo, ni ningún otro “VIH” desde entonces
demostró que “mataba células”.
A3.
Los retrovirus no son nociones esotéricas, nucleares, o cosmológicas cuya
existencia postulada sólo puede ser deducida partiendo de observaciones
indirectas, sino que son partículas que pueden ser vistas, aunque no a simple
vista. Puesto que Montagnier y sus colegas admiten que no ven partículas en la
banda a 1,16g/ml que tengan la morfología de los retrovirus, que se afirme la
presencia de un retrovirus, y mucho menos la de un “virus purificado”, es un
hecho que no ha sido probado en absoluto y resulta imposible creerlo. La banda a
1,16g/ml puede ser comparada a una red de pesca. La diferencia es que la banda
captura objetos según su densidad, no según su tamaño. Imaginad a un pescador
que ve en el océano varios objetos diferentes, algunos de los cuales pueden ser
peces. Tira la red, espera, y cuando la recupera, examina detenidamente el
contenido y demuestra que contiene varias criaturas marinas, pero nada que se
parezca a un pez. Sin embargo, aunque pueda parecer extraño, afirma que pescó un
pez. De hecho, afirma que la red no contiene otra cosa que no sean puros peces.
A4.
Aunque la gemación desde la membrana celular sea el modo con que surgen las
partículas virales, este proceso no es específico de los virus. Es decir, sólo
porque una partícula gema y tiene las características morfológicas de las
partículas retrovirales, ello no prueba de que sea un retrovirus. Que esto es
así puede ser ilustrado por dos hechos y también mencionando a dos de los
retrovirólogos más conocidos: “Partículas semejantes a los virus y en gemación”
han sido encontradas “en líneas de células T CEM, H9, y C8166” no infectadas;
En 2 líneas de líneas celulares B transformadas en EBV;
y en cultivos en vitro
de células linfoides humanas primarias
procedentes de la sangre del cordón umbilical, que fueron estimuladas con PHA o
no, y que fueron desarrolladas con o sin suero y en linfocitos del cordón
umbilical directamente después de la separación Ficol” (46) (cursivas
añadidas). Después de un estudio exhaustivo en vivo dirigido por O’Hara y
colegas de Harvard, se hallaron las “partículas del VIH” en 18 a 20 (90%) de los
pacientes con ganglios linfáticos inflamados atribuidos al Sida. No obstante,
también se encontraron partículas idénticas en 13 a 15 (87%) de los pacientes
con ganglios linfáticos inflamados que no se atribuyen al Sida y que no están a
riesgo de desarrollar Sida.Estos resultados impulsaron a los autores a concluir
que “La presencia de dichas partículas no indica por sí misma infección por el
VIH”.
(47)
En 1986, discutiendo el “Primer aislamiento del HTL-III”, Gallo y
sus colegas escribieron: “En el momento en que obtuvimos el LAV, diversos
expertos en la morfología de los virus sostenían que las partículas mostradas
por la micrografía electrónica publicadas en
Science por Barré-Sinoussi y cols.
eran un virus arena... Puesto que considerábamos que la mera detección de
partículas de virus en cultivos en vitro de pacientes con Sida y ARC era
insuficiente para confirmar científicamente nuestra hipótesis según la cual
dichas partículas estaban implicadas en la etiología de la enfermedad, primero
decidimos obtener reactivos específicos contra el nuevo virus para poder
publicar resultados concretos acerca de la etiología del Sida”. (48) Según Peter
Duesberg, “las partículas y proteínas del “VIH” podrían reflejar material
completamente no viral”. (49)
A5.
En su estudio, Montagnier y sus colegas escribieron que “La microscopía
electrónica de linfocitos infectados del cordón umbilical mostró partículas
inmaduras características con gemación densa creciente (de tipo C) en la
membrana plasmática... Este virus es un virus tumoral a ARN de tipo C
característico”. En 1984, Montagnier, Barré-Sinoussi, y Chermann informaron que
su virus era “morfológicamente similar a las partículas D, como aquéllas que se
hallan en el virus Mason-Pfizer o en el virus recientemente aislado del Sida de
los simios”. (38) (Para 1984, los investigadores de los centros de investigación
de primates en Estados Unidos, afirmaron la existencia de Sida en los monos, y
que la causa del Sida era un retrovirus de tipo D típico semejante al virus de
Mason-Pfizer, es decir, un retrovirus de tipo D típico, e indicaron que el Sida
de los monos y estos retrovirus podrían ser útiles para estudiar el Sida en los
seres humanos y también el VIH).
En el mismo año, incluso en otra publicación, Montagnier y cols.
afirmaron que las partículas del “VIH” tenían una “morfología semejante a la del
virus de la anemia infecciosa equina (EIAV), y a la de las partículas de tipo
D”. El EIAV y el virus visna no son ni retrovirus de tipo C ni de tipo D, sino
que son lentivirus, o sea, virus que tienen una morfología totalmente diferente,
y a los que se considera que inducen enfermedades mucho después de la infección
(en el momento en que se publicó este artículo se tenía conciencia de que los
pacientes que tenían un test de anticuerpos ante el “VIH” positivo no
desarrollaban Sida inmediatamente, es decir, había un retraso entre el test
positivo y la aparición del Sida). Es de lo más asombroso que la morfología del
mismo virus sea capaz de cambiar de género, aparentemente a discreción,
partiendo de un tipo C típico, pasando a ser una partícula de tipo D típica, y
después a su vez a una subfamilia completamente diferente, es decir, a un
lentivirus típico (la familia retroviridae está dividida en tres subfamilias:
oncovirinae, lentivirinae y espumavirinae. A su vez, los oncovirinae se dividen
en los géneros de partículas de tipo B, C y D. Estos resultados son análogos a
describir una nueva especie de mamífero, como un ser humano, un gorila, o un
orangután).
A6.
1. Además de los retrovirus, otras partículas pueden tener “el conjunto de las
propiedades” (densidad, RT, gemación, y analogía con el virus visna). Se deduce
que la detección de partículas que tienen este “conjunto de propiedades” no es
prueba de que las partículas detectadas sean retrovirus. De hecho, Montagnier y
sus colegas no informaron sobre la detección de partículas del “VIH” que
tuvieran este “conjunto de propiedades”. Puesto que Montagnier y sus colegas no
fueron capaces de encontrar partículas con las características morfológicas de
los retrovirus a la “densidad” de 1,16gm/ml, aun después de “un esfuerzo
enorme”, se deduce que la evidencia sobre la existencia del “VIH” procedente del
gradiente de densidad no sόlo no era específica, sino que tampoco existía.
(Este hecho, por sí mismo, es suficiente para descartar cualquier
afirmación como prueba de la existencia de un retrovirus, independientemente de
todo lo demás que encontraron en cualquier lugar, como las partículas en
gemación procedentes de la superficie de la célula, las partículas que se
asemejan a los retrovirus en el cultivo en vitro, la RT a la “densidad”, o las
proteínas a la misma densidad que reaccionan con el suero de los pacientes).
2. Es verdad que Montagnier y cols. informaron que habían detectado
actividad RT a la densidad de 1,16g/ml, pero puesto que: (a) Barré-Sinoussi y
Chermann aceptan que las células y los fragmentos celulares también presentan
actividad RT; (b) en la banda a 1,16g/ml no se vieron partículas con las
características morfológicas de los retrovirus; y (c) a esa densidad Montagnier
y cols. hallaron fragmentos celulares, se deduce que las pruebas sobre la
existencia del “VIH” mediante la detección de actividad RT a esa densidad no
sólo no era específica, sino que tampoco existía. Dados los hechos que: (a)
existen diferencias significativas en la índole de los procesos de gemación
entre las partículas de tipo C, de tipo D, y los lentivirus (50), y en el hecho
que en 1983 Montagnier y cols. indicaron que sus retrovirus eran de tipo C y en
1984 que eran de tipo C o de tipo D, e incluso más tarde ese mismo año que eran
EIAV; y (b) el virus visna y el EIAV son lentivirus, se deduce que al menos
hasta mediados de 1984, las pruebas de Montagnier y cols. de la existencia del
“VIH” (siempre que el “VIH” sea un lentivirus) procedentes de “micrografías de
la gemación” y la analogía con el EIAV y con el virus visna, no sólo no eran
específicas sino que tampoco existían.
A7.
Estamos de acuerdo en que existen retrovirus endógenos (pero es interesante
saber que hasta 1994 “no existen retrovirus endógenos humanos conocidos” (51)).
A estos retrovirus endógenos no se los puede distinguir de los retrovirus
exógenos, ni morfológica ni químicamente. Además, existen pruebas que demuestran
que el 70% de los pacientes de Sida y aquellos a riesgo, comparado con el 3% de
los sujetos que no están a riesgo, tienen anticuerpos contra retrovirus
endógenos. (33) Dados estos hechos y las condiciones de cultivo en vitro que
Montagnier y sus colegas y todos los otros investigadores del “VIH” utilizan
para detectar al “VIH”, junto con los resultados disponibles actualmente sobre
el “VIH” y el Sida, es más probable que el “VIH” (si se probara su existencia)
sea un retrovirus endógeno, en vez que un retrovirus exógeno.
Parte de los resultados relacionados con las condiciones de cultivo
en vitro se pueden resumir de esta manera: En cultivo en vitro y a la larga, las
células comienzan a producir retrovirus endógenos. La aparición de retrovirus
endógenos puede ser acelerada, y se puede aumentar la producción hasta un millón
de veces estimulando el cultivo en vitro con mitógenos, mediante el co-cultivo
en vitro, o agregando al cultivo en vitro el sobrenadante procedente de cultivos
celulares normales en vitro, no estimulados. De hecho, en el lejano 1976, los
retrovirólogos reconocieron que “el no aislamiento de virus endógenos de ciertas
especies puede reflejar la limitación de las técnicas de co-cultivo en vitro”.
(52) Para detectar al “conjunto” de las “cuatro características” del “VIH”,
Montagnier y cols. (así como todos los demás) utilizaron por lo menos dos de las
técnicas mencionadas anteriormente. De hecho, tanto Montagnier como Gallo
admiten que no se puede detectar ni siquiera una de las cuatro
“características”, a menos que no se estimulen los cultivos en vitro.
Análogamente, parte de los resultados relacionados con el “VIH” y el Sida pueden
ser resumidos de esta manera:
(a) Es verdad que los retrovirus endógenos puede que no desempeñen
un papel patológico en el Sida, pero también es verdad que hasta la fecha
tampoco existe dicha prueba acerca del “VIH”. (53) Según Montagnier y Gallo, el
“sello distintivo” de la inmunodeficiencia en el Sida es la disminución de las
células T4, lo cual se considera que es el resultado de la eliminación de las T4
por parte del “VIH”. Sin embargo, ya en el lejano 1984 Montagnier y sus colegas
admitieron que, al menos en vitro, la disminución que se observa en las células
T4, después de la infección provocada por el “VIH”, no se debe a la eliminación
de las células, sino a la disminución del enlace del anticuerpo T4 (CD4) a las
células. Dos años después, los experimentos del grupo de Gallo demostraron más
allá de toda duda que la disminución de las células T4 (del enlace de
anticuerpos CD4) no era debida a la infección por el “VIH”, sino a la PHA que
estaba presente en la preparación del “VIH”. Tal como se mencionó, ya al
comienzo de la era del Sida existían pruebas más que suficientes de que el
tratamiento de los cultivos celulares en vitro con PHA y otros agentes oxidantes
provoca la disminución del enlace del anticuerpo CD4 y un aumento del enlace del
anticuerpo CD8, es decir, la disminución de las células T4 estaba acompañada por
un aumento de las células T8, mientras que el número total de células permanecía
constante.
Los pacientes con Sida y los sujetos que pertenecen a grupos que
están a riesgo de Sida están continuamente expuestos a agentes oxidantes
potentes. Actualmente se acepta que en los pacientes con Sida y en aquellos que
están a riesgo, la disminución de las células T4 está acompañada por un aumento
de las T8, mientras que el número de células T4 + T8 permanece constante. (53)
Además, es interesante notar que en el lejano 1985 Montagnier escribió: “Este
síndrome [Sida] tiene lugar en una minoría de personas infectadas, que por lo
general tienen en común un pasado de estimulación antigénica e inmunodepresión
antes de la infección por LAV” (54), es decir, Montagnier reconoció que en el
grupo que está a riesgo de Sida, la inmunodeficiencia precede a la infección por
el “VIH”. En 1984, Montagnier y sus colegas, incluidos Barré-Sinoussi y
Chermann, afirmaron que “Para tener pruebas concretas se necesitará llevar a
cabo una experimentación en los animales, donde dichos virus [LAV, HTLV-III=VIH]
puedan inducir una enfermedad semejante al Sida”. Hasta la fecha, no existe
ninguna experimentación de este tipo. Sin embargo, cuando Montagnier fue
perseguido por el premio Nobel Kary Mullis para que presentase al menos un
artículo científico demostrando la teoría del VIH como causa del Sida,
Montagnier le aconsejó lo siguiente: “Por qué no menciona el trabajo sobre el
SIV” (virus de la inmunodeficiencia de los simios);(55)
(b) A diferencia de los retrovirus endógenos que se transmiten de
manera vertical, se considera que el “VIH” se transmite de manera horizontal,
especialmente a través del coito. En efecto, actualmente por lo general se
acepta que la inmensa mayoría de los sujetos se infectaron a través del contacto
heterosexual. Según Montagnier y Gallo, el primer estudio que demostró sin lugar
a dudas que el “VIH” es un virus transmitido de manera bidireccional y
heterosexual fue publicado por Redfield y cols. en 1985. Sin embargo, en un
libro titulado Sida y sexo publicado
en 1990, sus editores Bruce Voeller, June Machover Reinisch, y Michael Gottlieb,
discutiendo este estudio transversal, así como otros estudios similares,
escribieron: “Investigadores del gobierno publicaron resultados que indican que
el personal de las fuerzas armadas norteamericanas infectado por el VIH-1 había
contraído el virus a través de prostitutas, lo que desencadenó demandas para que
se aumenten las campañas contra la prostitución. Pero cuando los soldados
infectados fueron entrevistados por investigadores que no eran militares y de
los que se fiaban, quedó claro que casi todos se habían infectado a través del
consumo de drogas intravenosas o el contacto homosexual, actos por los cuales
podían ser expulsados de las fuerzas armadas, lo que evitó que fueran sinceros
con los primeros investigadores militares. En cada uno de estos estudios
defectuosos publicados, los investigadores, editores de periódicos, y
científicos revisores del trabajo de los colegas no corrigieron errores que
tendrían que haber sido detectados”.
En 1991, Nancy Padian, del Departamento de epidemiología y
bioestadística de la Universidad de California, y sus colegas, que hasta la
fecha han realizado los estudios más completos sobre transmisión heterosexual,
discutieron el estudio de Redfield y cols., así como otros estudios que
afirmaban probar dichas transmisiones, y escribieron lo siguiente: “Tal vez
estos estudios no fueron controlados adecuadamente en lo que se refiere a otras
vías de transmisión no sexuales y desconcertantes, como los riesgos asociados al
consumo de drogas intravenosas. A primera vista, los casos que parecen
atribuirse a una transmisión heterosexual, en realidad, después de una
entrevista a fondo, se pueden relacionar con otras fuentes de riesgo... puesto
que los estudios en parejas no son, por definición, muestras casuales, y la
mayoría de los resultados referidos se basan en análisis retrospectivos o
transversales, algunos estudios podrían seleccionar en exceso a parejas en las
cuales ambos miembros de la pareja están infectados, porque dichas parejas
pueden ser identificadas más fácilmente, y por lo tanto condicionan los
porcentajes de transmisión. Además, a menudo es difícil determinar la fuente de
infección en dichas parejas. Cuando son accesibles pocos resultados posibles,
alistar parejas monógamas en las que el estado serológico del compañero sea
desconocido, tal como fue el caso de la mayoría de las parejas en este estudio,
es una de las únicas maneras de controlar este condicionamiento”. (56) En
efecto, analizando los estudios prospectivos, siendo pocos, no existe prueba de
que el “VIH” se transmita por contacto sexual. (57-58)
Durante su estudio de diez años, de manera innegable el estudio más
largo de su tipo y también el mejor, Padian (59) y sus colegas no ahorraron
ningún esfuerzo en su intento de probar que el “VIH” se transmite por via
heterosexual.
El estudio de Padian constaba de dos partes, una transversal y otra
prospectiva. En la primera, de 360 compañeras de varones infectados procedentes
de casos archivados, “La capacidad infecciosa constante de cada contacto en lo
que se refiere a la transmisión del varón a la mujer, fue calculado de 0,0009”.
Los factores de riesgo para la seroconversión fueron: (i) coito anal (el mismo
Montagnier mostró que un test de anticuerpos positivo se vuelve negativo, y que
un conteo bajo de células T4 se vuelve normal interrumpiendo el coito anal, lo
que significa que el resultado positivo no es debido a un retrovirus); (60) (ii)
tener compañeros que contrajeron esta infección a través del consumo de drogas
(la misma Padian dice que esto significa que las mujeres también pueden ser
consumidoras de drogas intravenosas); y (iii) la presencia en la mujer de STDs
(anticuerpos contra sus agentes causantes), que pueden presentar una reacción
cruzada con las proteínas del “VIH”. (31) De 82 varones seronegativos que eran
compañeros de mujeres seropositivas procedentes de casos archivados, en sólo dos
hubo seroconversión. Ellos estimaron que la posibilidad de transmisión de la
mujer al varón era 8 veces más baja que la del varón a la mujer. La misma Padian
cuestionó la validez de estos dos casos. Con respecto al primer caso, ella dio
varias razones en 1991, que fue cuando se informó de este caso por primera vez.
En el segundo caso mencionaron el hecho de que “es asombroso que la clamidia se
transmitió simultáneamente o casi al mismo tiempo que se transmitió el VIH”, es
decir, el test de anticuerpos del “VIH” positivo apareció en el momento que el
varón se infectó con la clamidia.
En el estudio prospectivo que comenzó en 1990, Padian y cols.
afirmaron lo siguiente: “Controlamos durante un tiempo a 175 parejas
discordantes en lo que se refiere al VIH, formando un total de aproximadamente
282 parejas controladas al año... La duración del control más largo fue de 12
visitas (6 años). No observamos seroconversiones después de que entraron en el
estudio...En el último control, las parejas eran mucho más propensas a la
abstinencia o a usar profilácticos constantemente... Sin embargo, sólo el 75%
informó que utilizaba el profiláctico de manera regular durante los 6 meses
anteriores a su última visita de control”. Nótese que no solamente se informó de
la seroconversión únicamente en el estudio transversal, sino que todos los casos
habían sido diagnosticados antes de 1990. Sin embargo, (i) Todos los expertos
del “VIH” están de acuerdo en que la especificidad de los tests empleados en
aquel tiempo era inferior a la de los tests utilizados actualmente; y (ii) Los
criterios del WB aplicados en aquel entonces para definir la “infección”
actualmente no son suficientes. Aunque se acepten los resultados de Padian y
cols. procedentes del estudio transversal, ellos han calculado que, por cada
contacto, el riesgo de que un varón no infectado se contagie la infección del
“VIH” de su compañera infectada es de 0,00011 (1 sobre 9.000). Ello significa
que, en promedio, los varones que tienen sexo diariamente con una compañera
infectada durante dieciséis años (es decir, que a 365 al año serían 6.000
contactos), tendrían una posibilidad del 50% de infectarse. Si en media la
relación sexual tiene lugar una vez por semana, entonces llevaría ciento quince
años alcanzar la misma probabilidad. Bajo esas circunstancias, cabría
preguntarse cómo hizo el “VIH” para convertirse en una epidemia como
consecuencia de la transmisión heterosexual bidireccional.
A8. 1.
En el estudio de Montagnier y cols. de 1983, únicamente la detección de
actividad RT en los cultivos en vitro de linfocitos estimulados procedentes de
un homosexual se consideró prueba de que el sujeto estaba infectado por un
retrovirus. El hallazgo de la misma actividad en el sobrenadante de un
co-cultivo en vitro de las mismas células con linfocitos procedentes de un
donante de sangre sano fue considerado prueba de la transmisión del retrovirus
desde los linfocitos del homosexual hasta los linfocitos del donante, y también
como prueba de aislamiento del virus. Sin embargo, transmitir una actividad (la
RT) no es lo mismo que transmitir un objeto (un retrovirus).
Es más, puesto que los linfocitos no infectados por el “VIH”, así
como muchas bacterias y virus, además de los retrovirus, tienen actividad RT (se
señaló la actividad RT en diversas líneas celulares no infectadas por el “VIH”
que se utilizan para aislar al VIH, como la H9 y la CEM, y en el lejano 1972, en
los linfocitos normales estimulados con la PHA), el hallazgo de actividad RT en
cultivos en vitro de linfocitos sucesivos, cada uno de los cuales contiene
material que se originó en un cultivo en vitro anterior, tampoco es prueba de
transmisión de la actividad RT. Para ilustrar lo que han hecho Montagnier y sus
colegas, volvamos a la analogía del pescador y su red: supongamos que el
pescador lanza su red y pesca algunas criaturas marinas, deja algunas en la red
como cebo, y después la tira otra vez. Esta vez, además de las criaturas
marinas, pesca otros peces. Saca los peces, deja algunas criaturas marinas en la
red, la tira otra vez, y esta vez pesca aún más peces. El pescador repite el
procedimiento varias veces y cada vez pesca más peces. Como Montagnier y cols.,
que quitan las células y reutilizan los sobrenadantes, el pescador quita peces y
reutiliza las criaturas marinas (“el cebo”). Obviamente los peces pescados en la
red no descienden del “cebo”. El objetivo del cebo es el de crear las
condiciones apropiadas para que los peces aparezcan en la red (en efecto, los
verdaderos pescadores se pasan la vida entera determinando las condiciones
adecuadas). Todo lo que el pescador está “transmitiendo” es el medio para pescar
los peces, no los peces en sí mismos. Análogamente, parece que Montagnier y
cols. “transmiten” las condiciones para generar actividad RT, por lo que crean
la ilusión de que “transmiten” la actividad RT.
2. El hecho de contar con un máximo de actividad RT no es ninguna
prueba de tener “replicación” de un retrovirus. Seguir las huellas de la RT no
es lo mismo que seguir las “huellas del virus”.
3. Supongamos que se haya aislado un retrovirus y que haya sido
probada su existencia en cultivos en vitro de tejidos procedentes de los seres
humanos. “La primera cuestión planteada” por
Nature es la siguiente: “¿Se trata de un retrovirus endógeno?”
Únicamente cuando se tiene evidencia de que no se trata ni de un retrovirus
humano exógeno ni tampoco endógeno, se puede plantear la cuestión de la
“contaminación de laboratorio” con retrovirus animales.
4. Lo que tenía el paciente eran anticuerpos que reaccionaban con
una proteína que, en gradientes de densidad de sacarosa, bandeaba a 1,16g/ml.
Puesto que a esa densidad Montagnier y sus colegas no lograron encontrar
partículas con las características morfológicas de un retrovirus, no existía
evidencia de que esta proteína era retroviral. De hecho, ellos no tenían ninguna
prueba de que la proteína estaba representada también en partículas no
retrovirales, ni en ninguna partícula en absoluto presente a esa densidad.
5. Si Montagnier y sus colegas de alguna manera sabían de antemano
que la proteína que bandeaba a 1,16g/ml y que reaccionaba con el suero del
homosexual era la proteína de un retrovirus que estaba presente en sus
linfocitos (y no en los linfocitos del donante sano o del cordón umbilical), y
al mismo tiempo también sabían que los anticuerpos se dirigían contra “su propio
virus”, ¿por qué era necesario contar con todos estos experimentos para probar
su existencia?
A9.
Pese a que ellos contaban con actividad RT, a la densidad de 1,16g/ml no tenían
pruebas de la existencia de partículas retrovirales, y por lo tanto la actividad
no podía ser considerada como prueba de la existencia de dichas partículas.
A10.
En 1983, Montagnier, Barré-Sinoussi, Chermann, y sus colegas probaron la
existencia de la enzima transcriptasa inversa “utilizando las condiciones
iónicas descriptas con respecto al HTLV-I”, es decir, el “5mM Mg2+” y el
“poli(A).oligo-(dT)12-18 como iniciador”. Estas condiciones y este iniciador
puede que sean característicos de los retrovirus, pero no son específicos de la
RT retroviral, ni de hecho de ninguna RT. Aún antes de la era del Sida, ya se
sabía que este iniciador, bajo las condiciones determinadas por Barré-Sinoussi,
Montagnier, y sus colegas, puede ser transcripto no sólo por la transcriptasa
inversa, sino también por las polimerasas del ADN celular. Basta mencionar el
estudio titulado: “Características de la polimerasa a ADN dependiente del ARN
[RT] de un nuevo retrovirus linfotrópico T humano (virus asociado a la
linfoadenopatía)” (el “VIH”) donde Montagnier, Barré-Sinoussi, Chermann, y sus
colegas “caracterizaron” la RT del “VIH”. Allí utilizaron las mismas condiciones
iónicas que en 1983 y tres iniciadores, es decir, “el ADN activado”, el poly
(A).oligo-(dT)12-18, y el poly Cm.oligo-dG 12-18. Ellos señalaron que mientras
que el poly Cm.oligo-dG 12-18, “un iniciador específico de la transcriptasa
inversa” fue transcripto sólo por las células “infectadas por el VIH”, el “ADN
activado” y el poly (A).oligo-(dT)12-18 fueron transcriptos tanto por las
células infectadas, como por las no infectadas.(22) Es decir, encontrar
actividad RT utilizando un iniciador An.dT12-18 aún no es prueba de la
existencia de RT, y mucho menos de la existencia de una RT retroviral.
A11. Sin comentarios.
A12. Sin comentarios.
A13.
Estamos de acuerdo con Montagnier en que cuando se utilizan cultivos en vitro de
linfocitos infectados por retrovirus exógenos, como el MT2, MT4, y H9 (HUT-78),
que proceden de pacientes con “leucemia de las células T4 de los adultos”, que
se considera la causa del HTLV-I, “es una verdadera mezcolanza”. No obstante,
dada la existencia de retrovirus endógenos, cuando se utilizan linfocitos
procedentes de individuos normales y linfocitos del cordón umbilical, el
resultado es aún “una verdadera mezcolanza”. Tal vez se trata de una mezcolanza
diferente, pero de todos modos es “una verdadera mezcolanza”.
A14.
Estamos de acuerdo en que los pacientes con Sida y aquellos a riesgo están
infectados por un “montón de cosas”. Por añadidura, además de estos agentes, los
cultivos en vitro de tejidos procedentes de estos pacientes también pueden ser
infectados en vitro con otros agentes, como los micoplasmas.
A15.
Puede ser cierto que a veces es más fácil detectar una partícula con las
características morfológicas de los retrovirus en un cultivo en vitro, que en el
plasma. Sin embargo, puesto que el “concentrado” viral se obtiene del
sobrenadante del cultivo en vitro, y puesto que por definición, un “concentrado”
tendría que tener más partículas por unidad de volumen que el sobrenadante del
cultivo en vitro, se deduce que debería ser mucho más fácil ver una partícula en
el concentrado que en el cultivo en vitro. Puesto que Montagnier y sus colegas
“no vieron nada importante” en el “concentrado”, es decir, en la banda a
1,16g/ml, entonces ¿por qué en su artículo de 1983 afirmaron que el
“concentrado” no sólo contenía partículas virales, sino que incluso contenía un
virus “purificado”? En la micrografía al microscopio electrónico que publicaron
Montagnier y sus colegas, incluyendo a Charles Dauget, hay gemaciones en la
superficie celular, algunas de las cuales son más pronunciadas que las otras.
Pero ¿cuáles son las pruebas de que son virus o de que están en vías de
convertirse en virus?
A16.
Estamos de acuerdo en que podría ser cualquier cosa.
A17.
Estamos de acuerdo en que a veces la experiencia puede permitirnos distinguir
partículas semejantes a los retrovirus de otras partículas semejantes a los
virus utilizando características morfológicas. Sin embargo, hay partículas que
NO son virus (incluso los retrovirus), que presentan características
morfológicas idénticas a los retrovirus. Por lo tanto, a partir de los factores
morfológicos, tanto las gemaciones como las partículas libres de células no
pueden ser consideradas retrovirus. Además, los cultivos en vitro de tejidos
procedentes de pacientes con Sida contienen una plétora de partículas semejantes
a virus con diámetros de 65 a 250 nm, formas que son esféricas, angulosas, o con
forma de lágrima, superficies con o sin puntas, y que contienen núcleos con
forma de cono, de barra, centrosimétricos, y tubulares, como también núcleos
dobles y una mezcla de núcleos. Tal como sucede con las diversas partículas de
taxonomía variable a las que se las considera como la partícula del VIH, ninguna
de estas partículas fue purificada y caracterizada y, tal como sucede con el
VIH, no queda más que conjeturar acerca de su origen y del papel que desempeñan.
(9, 61-64)
A18.
Si ellos no purificaron las partículas, ¿por qué afirman que sí lo hicieron y
siguen afirmándolo hasta el momento de esta entrevista?
2. Es verdad que señalaron que encontraron el máximo de actividad
RT a la densidad de 1,16g/ml, es decir, a la densidad en la cual afirmaron tener
un “virus purificado, clasificado”. No obstante, ¿cómo es posible afirmar que la
actividad RT “era completamente la de un retrovirus”, si ellos “no alcanzaron el
máximo...o no funcionó”, es decir, si a ese máximo ni siquiera encontraron
partículas que se asemejan a los retrovirus, amén de los retrovirus? Para
transmitir un retrovirus de un cultivo en vitro a otro, primero se debe probar
la existencia de un retrovirus en el primer cultivo en vitro. “Transmitir”
fenómenos no específicos no es prueba de que se esté transmitiendo un
retrovirus. Además, puesto que todos los fenómenos que Montagnier y sus colegas
consideraron como prueba de la existencia de un retrovirus, incluyendo la
actividad RT y las partículas que se asemejan a los virus, podrían aparecer
de novo en los cultivos en vitro,
especialmente bajo las condiciones de cultivo en vitro que utilizaban, ellos no
pueden afirmar tener pruebas de que han transmitido nada. ¿Cómo sabían
Montagnier y sus colegas que si hubiesen tenido grupos de control adecuados,
habrían tenido lugar los mismos fenómenos del cultivo en vitro del donante de
sangre, o en los linfocitos del cordón umbilical, aunque no hubiesen sido
“infectados” por el “VIH”?
A19.
1. Si la fase de purificación (aislamiento) no es necesaria, entonces ¿por qué
Montagnier y sus colegas afirman que demostraron la existencia del “VIH” puesto
que ellos lo “aislaron”, lo “purificaron”?
2. Dado que cualquier trozo de ADN puede ser clonado y amplificado,
la clonación y la amplificación de un trozo de ADN no proporciona ninguna
información en absoluto acerca del origen, es decir, si es retroviral o no.
Tampoco es posible decir, secuenciando un trozo de ADN, que se trata
“verdaderamente de un retrovirus”, a menos que exista una prueba anterior de que
esas secuencias están presentes únicamente en una partícula retroviral, y en
ningún otro lugar. No hay nada de específico en lo que se refiere a la
“estructura de los retrovirus”. Si de hecho hay una “secuencia de ADN” singular
que indica que “es verdaderamente un retrovirus” y “todos los retrovirus tienen
una estructura genómica que resulta familiar a determinados genes”, entonces no
existe una prueba semejante en lo que respecta al “genoma del VIH”. (32) Basta
mencionar que hasta el día de la fecha, no se publicaron ni siquiera dos
secuencias idénticas en lo que respecta al “genoma del VIH”. El mismo paciente
puede tener secuencias diferentes de “ADN del VIH”. Según algunos investigadores
del Instituto Pasteur, “un paciente asintomático puede albergar al menos 106 variantes
del VIH genéticamente distintas, y para un paciente con Sida la cifra es
superior a 108.(65-66) Las diferencias genéticas pueden alcanzar el
40%”.(67) (Compárese esto con las diferencias del 1% al 2% entre los ADN de los
homínidos, algunos de los cuales codifican para proteínas idénticas, como por
ejemplo las cadenas a y b de la hemoglobina de los chimpancés y de los seres
humanos). Se señaló que el largo del “ADN del VIH” es de 9 a 15Kb. En 1985, los
investigadores del Instituto Pasteur señalaron que “La estructura genética
deducida es singular; demuestra, además de los genes retrovirales
gag,
pol, y
env, dos esquemas de lectura nuevos y abiertos que llamamos Q y
F”.(68) En 1990, se consideraba que el genoma del “VIH” estaba compuesto por
diez genes, (69) en 1996 Montagnier señaló que el “VIH” tenía ocho genes (70) y,
según Barré-Sinoussi, (71) el “VIH” tiene nueve genes.
A20.
1.
2. Estamos de acuerdo con que para transmitir un retrovirus no se
necesita material puro. No obstante, para transmitir algo, primero se debe
conocer lo que se transmite, es decir, se debe tener la prueba de su existencia.
En lo que respecta a los retrovirus, tales pruebas únicamente se pueden obtener
aislando (purificacando) las partículas, determinando sus propiedades físicas y
químicas, y demostrando que son infecciosas.
A21.
Sí, es imposible determinar la identidad de las proteínas, incluyendo la de la
RT, sin aislar. (1). Montagnier y sus colegas, aun después de intentarlo mucho a
esta densidad, no lograron encontrar ni siquiera partículas semejantes a
retrovirus. Por lo tanto, dada su experiencia (pruebas experimentales), existen
cero posibilidades y NO 999 sobre 1000 de que en su caso la actividad RT a la
densidad de 1,15, 1,16 represente un retrovirus.
2. Estamos de acuerdo en que podría ser un retrovirus de origen
diferente. La existencia de retrovirus endógenos, junto con la presencia, en
pacientes de Sida y en aquellos que están a riesgo, de anticuerpos que
reaccionan con sus antígenos, significa que aunque Montagnier y cols. hubiesen
probado la existencia de un retrovirus, habría sido imposible decir que el
retrovirus procedía del homosexual, y no de los donantes o de los linfocitos del
cordón umbilical.
3. La “biología molecular”, la “clonación y secuenciación” del
genoma del “VIH” fue discutida detalladamente en otro lugar.(32-49) Basta
mencionar aquí que:
(a)
la prueba de la existencia del “VIH” y de hecho de su papel causativo en el Sida
fue afirmada antes de cualquier “biología molecular”, “clonación y
secuenciación”;
(b)
puesto que cualquier trozo de ácido nucleico puede ser clonado y secuenciado, la
clonación y la secuenciación de un trozo de ácido nucleico no puede ser
utilizada como prueba de la existencia de un retrovirus o de su genoma. Por el
contrario, se puede aceptar la prueba de la existencia de ácidos nucleicos
virales (ARN y cADN virales) siempre y cuando se demuestre que el ARN es una
entidad molecular singular, perteneciente a partículas con las características
morfológicas, físicas, y replicativas de las partículas retrovirales. Esto
únicamente puede ser hecho separando las partículas de todo lo demás,
purificándolas. En lugar de eso, Montagnier y Gallo utilizaron “una verdadera
mezcolanza” de cultivos y co-cultivos en vitro (el grupo de Montagnier incluso
infectó deliberadamente los cultivos en vitro con el virus de Epstein-Barr). El
sobrenadante de estos cultivos en vitro fue bandeado en gradientes de densidad
de sacarosa. De todo el ARN (y el ADN) que bandeó a 1,16g/ml, ellos eligieron
arbitrariamente algunos ARN aplicando criterios específicos totalmente no
retrovirales, y los llamaron “ARN del VIH”, sin ninguna prueba de que la banda
contuviera ni siquiera partículas que se asemejan a los retrovirus; (32)
(c)
el primer paso absolutamente necesario para probar que el “ARN del VIH”,
retroviral o no, se originó a partir de los linfocitos de sujetos infectados por
el “VIH”, es llevar a cabo experimentos de hibridación utilizando como sonda
linfocitos frescos no cultivados en vitro y el “ADN del VIH” (obtenido a través
de la transcripción inversa del “ARN del VIH”). Es difícil entender por qué
Montagnier y sus colegas no señalaron dichos experimentos. El grupo de Gallo lo
hizo y los resultados fueron negativos. En 1994 a Gallo se lo mencionó en esta
revista [Continuum] diciendo: “Nunca encontramos el ADN del VIH en las células
tumorales del SK [sarcoma de Kaposi]... De hecho, nunca encontramos el ADN del
VIH en las células T”.(72) Hasta el día de la fecha, no existe ni un sólo
estudio que demuestre la existencia de ni siquiera una sola copia del “genoma
completo del VIH” en las células T frescas de ni siquiera un sólo paciente de
Sida o de un paciente a riesgo de Sida;
(d) actualmente, se cuantifica el número de partículas del “VIH” en el plasma
midiendo el “ARN del VIH”, es decir, la carga viral que se informa que es “de 15
x 103 a 554 x
103 viriones por ml”. (73) Varios estudios afirman tener constancia
de que la “carga viral”, es decir, el “ARN del VIH” puede ser reducida a niveles
indetectables mediante el uso de la RT y los inhibidores de las proteasas. Sin
embargo, puesto que: (i) se acepta que el “ARN del VIH” es una transcripción del
“ADN del VIH”; y (ii) por su propia naturaleza, ni la RT ni los inhibidores de
las proteasas tienen ningún efecto en la transcripción del ADN, puesto que
solamente inhiben la infección de nuevas células, es decir, según esto la
disminución del “ARN del VIH” es una consecuencia de la disminución del “ADN del
VIH”, se podría esperar entonces que se determinara el efecto de estos fármacos
midiendo el nivel del “ADN del VIH”. Sin embargo, no se publicó casi ningún
estudio de este tipo, y los poquísimos que hay demuestran que ni la RT, ni los
inhibidores de las proteasas tienen ningún efecto en el “ADN del VIH”, (74-76)
lo cual significa que no existe una relación entre el “ARN del VIH” y el “ADN
del VIH”.
4. En 1984, Montagnier y sus colegas informaron que “la
preincubación de linfocitos T4+ con tres anticuerpos monoclonales diferentes,
dirigidos hacia la glicoproteína T4, bloqueaba la infección celular por el LAV”,
es decir, bloqueaba la detección de actividad RT en las células T4 “infectadas”
por el “VIH”. Ellos concluyeron que sus “resultados indican con contundencia que
la glicoproteína T4 está asociada por lo menos con todo el receptor del LAV o
parte del mismo”.(38) No obstante, el bloqueo de los fenómenos del “VIH” no
específicos, es decir, la actividad RT, no puede ser considerada prueba del
bloqueo de la infección por el “VIH” o de la relación del “VIH” con las células
T4.
A22.
Estamos de acuerdo en que “el análisis de las proteínas del virus requiere
producción en serie y purificación.
Hay que hacerlo”.
En cuanto a esto, no sólo no lo lograron parcialmente, sino que NO LO LOGRARON
EN ABSOLUTO. Si el “análisis de las proteínas del virus requiere producción en
serie y purificación”, lo mismo se requiere para analizar los “ácidos nucleicos,
la clonación, etc.”
Si no se purifica el virus, entonces
(a)
falta caracterizar los antígenos virales y obtener un patrón oro (gold standard)
para la reacción antígeno-anticuerpo, es decir, no se pueden emplear tests de
anticuerpos para determinar la infección por un retrovirus;
(b)
falta obtener y caracterizar los ácidos nucleicos retrovirales, es decir, el ARN
(cADN), y por lo tanto faltan sondas e iniciadores para la hibridación y los
estudios con la PCR, es decir, no pueden utilizarse tests moleculares para
definir la infección retroviral. Que esto es así, lo reconoce Donald Francis, un
investigador que junto con Gallo desempeñó un papel significativo en el
desarrollo de la teoría de que el Sida es causado por un retrovirus. En 1983,
Francis, en aquel entonces el colaborador principal de las actividades del
laboratorio de Sida del Centro norteamericano para el control de las
enfermedades, y ex jefe del programa de viruela de la Organización Mundial de la
Salud, especuló acerca de una causa viral del Sida de la siguiente manera:
“Debemos contar con métodos de identificación más
elaborados a través de los cuales, mediante algún instrumento específico, se
pueda “ver” un virus. Algunas sustancias específicas, como los anticuerpos o los
ácidos nucleicos, van a identificar virus aunque las células permanezcan vivas.
Aquí el problema es que tales métodos pueden ser desarrollados únicamente si se
conoce aquello que se busca. Es decir, si se busca un virus conocido se puede
vacunar a un conejillo de indias, por ejemplo, con
virus puro... Obviamente, si no
conocemos cuál virus estamos buscando, y por consiguiente no logramos producir
anticuerpos en las cobayas, es difícil utilizar esos métodos...estaríamos
buscando algo que podría estar allí o no, usando técnicas que podrían funcionar
o no”. (77) (cursivas añadidas)
A23.
Es imposible caracterizar dos elementos virales desconocidos, es decir, sus
proteínas y los anticuerpos dirigidos contra ellas, a través de la formación de
un complejo anticuerpo-antígeno, ni mucho menos caracterizar al “virus”. ¿Qué
medios utilizó Montagnier para saber si alguien tiene anticuerpos contra las
proteínas del virus, y también para saber que las proteínas con las cuales
reaccionan los anticuerpos eran virales? Es una imposibilidad científica saber
que alguien tiene anticuerpos contra un virus y, al mismo tiempo, que la banda a
1,16g/ml contiene proteínas del mismo virus, antes de que haya sido probada su
existencia.
A24.
Es verdad que Montagnier tenía grupos de control, pero no eran adecuados.
Montagnier y sus colegas hicieron reaccionar a las proteínas que bandeaban a
1,16g/ml con el suero respectivo de dos pacientes homosexuales con
linfoadenopatía. Se sabía que los pacientes con Sida y aquellos a riesgo tienen
una plétora de anticuerpos, todos ellos con un potencial de reactividad cruzada.
Por consiguiente, cabría esperar que Montagnier y cols. hubiesen utilizado como
grupo de control a sujetos enfermos que no tenían Sida o pre-Sida y que no
estaban a riesgo de Sida, pero que también tenían una plétora de anticuerpos,
todos con un potencial de reactividad cruzada. En cambio, sus sujetos de control
eran dos donantes de sangre cuyo estado de salud se caracterizaba por niveles de
anticuerpos más bajos.
2. Montagnier y cols. no obtuvieron ninguna prueba de “una reacción
específica”. Los sueros procedentes de los pacientes y donantes fueron hechos
reaccionar tanto con los “virus purificados”, es decir, la banda a 1,16g/ml,
como con extractos procedentes de las células “infectadas”. En las bandas que
publicaron, que aparentemente contienen “virus purificados”, no es posible
distinguir ninguna proteína reactiva con ninguno de los sueros. En el texto
afirman lo siguiente: “Cuando fue analizado el virus purificado y clasificado
[la banda a 1,16g/ml] del paciente 1...se lograron ver tres proteínas
importantes: la proteína p25 y proteínas con peso molecular de 80.000 y 45.000”.
Dichas reacciones no fueron señaladas cuando se utilizaron los sueros de los
donantes. En las bandas publicadas, que contenían extractos procedentes de las
“células infectadas”, es obvio que varias proteínas reaccionaron con el suero de
los pacientes y también con el suero de los donantes de sangre sanos. Un año
después, Montagnier y sus colegas confirmaron que “los sueros de algunos
pacientes de Sida enlazan muchas proteínas celulares... Este bandeo fue obvio en
el RIPA, y se consideraron positivos únicamente los sueros que precipitaron
específicamente la p25”. Es decir, por alguna razón desconocida, ellos
concluyeron que de todas las proteínas reactivas, sólo la p24 (su p25) era
retroviral, y de todos los anticuerpos, sólo aquél que reaccionó con la p24 se
dirigía contra el retrovirus. Aun si se considerara específica la reacción entre
la p24 que bandea a 1,16g/ml y el anticuerpo presente en los sueros, es decir,
si fuera una reacción que no es debida a reactividad cruzada, de una reacción de
este tipo no es posible sacar la conclusión de que la p24 es una proteína
retroviral, y de que el anticuerpo aparece como consecuencia de la infección
provocada por este retrovirus. De hecho, dado que Montagnier y cols. ni siquiera
lograron detectar partículas semejantes a retrovirus a 1,16g/ml, sus
conclusiones sobre la p24 y el anticuerpo que reacciona con ésta, son totalmente
irracionales a nivel científico.
A25.
1. Ningún anticuerpo, ni siquiera los anticuerpos monoclonales, son “muy
específicos” o ni siquiera específicos. (78-84) De hecho, hay casos en que “un
antígeno con reactividad cruzada se enlaza con una afinidad mayor que el mismo
antígeno homólogo... El hecho más obvio acerca de las reacciones cruzadas de los
anticuerpos monoclonales, es que son características de todas las moléculas y no
pueden ser eliminadas mediante absorción sin eliminar toda la reactividad...Aun
los antígenos que se diferencian en la mayor parte de su estructura pueden
compartir un determinante, y entonces un anticuerpo monoclonal que reconoce este
sitio daría una reacción cruzada del 100%. Un ejemplo es el lupus, en el que los
autoanticuerpos reaccionan tanto con el ADN, como con la cardiolipina”.(80)
No obstante, “Se debería resaltar que compartir un “determinante”
no significa que los antígenos contengan estructuras químicas idénticas, sino
más bien que tienen una semejanza química que puede que no sea bien entendida,
por ejemplo, una distribución de cargas de superficie”.(80) Es importante notar
que los expertos en el “VIH” admiten que la “reactividad cruzada” es la razón de
que se dé la reactividad de anticuerpos “indeterminada” que se ve en el Western
blot del “VIH”, como también es la razón, por ejemplo, de que se dé la
reactividad de los anticuerpos monoclonales ante la proteína p18 del “VIH” con
las células dendríticas, en los tejidos linfáticos de una serie de pacientes con
un número de enfermedades no relacionadas con el Sida (85) y en los tejidos
normales tomados de sujetos “no infectados por el VIH”.(86) Para que uno logre
convencerse de que para que todos los “anticuerpos [incluso los monoclonales]
son poliespecíficos, es decir, que son capaces de reaccionar con varios
antígenos disímiles, como proteínas, ácidos nucleicos y áptenos”, “sean capaces
de reaccionar con más antígenos que los propios (self) o no propios (no self), a
menudo sin ninguna semejanza antigénica obvia”, todo lo que se debe hacer es
leer las publicaciones científicas de los investigadores del Instituto Pasteur,
como la Stratis Avrameas.(83-87)
2. No se puede
concluir que una proteína que bandea a 1,16g/ml sea viral sólo porque reacciona
con un anticuerpo presente en el suero del paciente, aun si de alguna manera se
sabe que los anticuerpos presentes en el suero son monoclonales. Supongamos que
contemos con una situación ideal en que: (a) todos los anticuerpos presentes en
el suero de los pacientes son monoclonales y “muy específicos”; y (b) la banda a
1,16g/ml contiene, además de las varias proteínas no representadas y
microvesículas, también proteínas representadas de origen celular y tal vez de
origen bacteriano, fúngico, o viral (componentes de los diversos agentes
infecciosos, además de los retrovirus, presentes en el cultivo en vitro y en los
pacientes) y, tal como se demostró en un estudio franco-alemán de 1997, un
número de partículas semejantes a retrovirus. Aun en esta situación ideal, sólo
porque se encuentre una proteína como la p24, p41, u otras en esta banda, y
reaccione con el suero, NO ES POSIBLE AFIRMAR que la proteína sea un componente
de las partículas semejantes a retrovirus.
3. La realidad es la siguiente: (a) todos los pacientes con Sida y
aquellos a riesgo de Sida tienen una plétora de anticuerpos, incluyendo
auto-anticuerpos. Los auto-anticuerpos incluyen los anti-linfocitos, y tal como
Montagnier y sus colegas demostraron, (88) también anticuerpos anti-actina y
anti-miosina, es decir, anticuerpos contra la actina y la miosina, que son dos
proteínas celulares ubicuas. (b) todos los anticuerpos presentes en el suero
tienen un potencial de reactividad cruzada. (c) las proteínas procedentes del
sobrenadante de los linfocitos no infectados, que en gradientes de densidad de
sacarosa bandean a 1,16g/ml, o sea, el virus falso, incluyen proteínas que
tienen los mismos pesos moleculares que las proteínas del “VIH”; (89) (d) los
animales a los que se les inoculó el virus falso desarrollan anticuerpos que
reaccionan con las proteínas del “SIV”, un “retrovirus” cuyas proteínas
comparten los mismos pesos moleculares que las proteínas del “VIH”, y al que se
considera el pariente más cercano del “VIH”;(90) (e) los pacientes con Sida y
aquellos a riesgo están repetidamente sujetos a estímulos alogénicos, incluyendo
a los linfocitos alogénicos; y (f) hasta 1997 no existía ninguna evidencia que
demostrara que la banda a 1,16g/ml ni siquiera contuviera partículas semejantes
a retrovirus. Dada esta realidad, afirmar que sólo porque una proteína bandea a
1,16g/ml y reacciona con anticuerpos presentes en el suero del paciente, como
mucho, no difiere de lo siguiente: (i) Un investigador tiene dos bols, uno de
los cuales contiene una mezcla de huevos crudos, algunos conocidos, y tal vez
algunos desconocidos, y tal vez un poco de leche procedente de algunos animales.
El otro bol contiene algunos ácidos, y otra vez, algunos conocidos, y tal vez
algunos desconocidos. Una vez que se mezclan los contenidos de los dos bols, el
investigador obtiene un precipitado. Él afirma que la precipitación demuestra la
existencia, en el bol, de leche procedente de un animal desconocido
anteriormente y de un ácido desconocido anteriormente, y que la reacción tiene
lugar entre el ácido desconocido y una proteína de la leche desconocida
anteriormente. (ii) Esta afirmación es imposible a nivel científico, dado que
para producir el precipitado observado, cualquier proteína de los huevos habría
podido reaccionar con cualquier ácido.
Por consiguiente, dada la realidad tal como fue esbozada antes de
la (a) a la (f), afirmar que la reacción entre proteínas que bandean a 1,16g/ml
y que reaccionan con anticuerpos presentes en el suero de los pacientes sea
prueba de la existencia del “VIH”, es algo que carece completamente de valor
científico. Afirmar que la reacción entre proteínas que bandean a 1,16g/ml (en
ausencia de pruebas de que la banda contenga siquiera partículas semejantes a
retrovirus) con anticuerpos presentes en el suero, no sólo indica que la banda
contiene proteínas retrovirales, sino que son proteínas de un retrovirus nuevo,
no difiere de afirmar lo siguiente: Un pescador que tiene criaturas marinas y
ningún pescado en la red, tira algunos animales en la red. El pescador observa
que los animales comen algunas proteínas presentes en la red, y afirma que las
proteínas no eran solamente proteínas de los pescados, sino que eran proteínas
de un pez totalmente nuevo, un pez que nadie vio antes, un pez de oro.
A26.
1. No es posible que ni Montagnier ni Gallo tengan “bastante razón”. Tanto Gallo
como Montagnier hicieron reaccionar a la banda a 1,16g/ml con el suero del
paciente. Independientemente del método que utilizaron para detectar la reacción
(RIPA o WB), o del número de reacciones llevadas a cabo, tendrían que haber
encontrado las mismas proteínas reactivas.
2. En su estudio de 1983, Montagnier y sus colegas encontraron tres
proteínas, la p25, p45, y p80. Acerca de la p45, ellos escribieron lo siguiente:
“La proteína 45K puede ser debida a contaminación del virus provocada por la
actina celular que estaba presente en los inmunoprecipitados de todos los
extractos celulares”. En un estudio publicado en 1984, tenían “una p25
prominente, una p18, una proteína con un peso molecular bajo en el fondo del gel
(p12), y tres proteínas con un peso molecular alto (43.000, 53.000 y 68.000). La
banda a 43.000 puede que incluya un componente de origen celular, dado que este
componente también fue encontrado en una preparación semejante hecha a partir de
células no infectadas procedentes del grupo de control”.
3. Dado que tanto el suero de los pacientes como el de los donantes
de sangre sanos reaccionaron repetidamente con la proteína p45/p43 procedente
tanto de las células infectadas como de las no infectadas, cabría esperar que
Gallo también hubiese detectado esta proteína. Sin embargo, ni Gallo ni ningún
otro desde ese momento informó de la existencia de una banda de ese tipo,
independientemente del método utilizado para detectar la reacción entre antígeno
y anticuerpo. Se podría resolver la discrepancia si se tomara en consideración
el hecho de que la migración de proteínas en una banda electroforética, además
de estar influenciada por el peso molecular, también puede estar influenciada
por otros factores, como por ejemplo, por la carga de la proteína. Por
consiguiente, la misma proteína puede que parezca tener un peso molecular
levemente diferente cuando es detectada por el RIPA o por el WB. Por ejemplo, al
día de la fecha, tanto a la p25 detectada por Montagnier, como a la p24
detectada por Gallo se las considera la misma proteína p24 del “VIH”.
4. El peso molecular de la actina no es ni 45.000, ni 43.000, sino
41.000. Hoy en día, existen pruebas más que suficientes de que la banda a
1,16g/ml, o sea, el “VIH puro”, contiene actina celular (91-94) y tal como ya
fue mencionado, el mismo Montagnier demostró que el suero de los pacientes con
Sida y de aquellos a riesgo contienen anticuerpos que reaccionan con la actina.
Es decir, cuando a la banda a 1,16g/ml se la hace reaccionar con el suero de los
pacientes, independientemente de la presencia del “VIH”, debe estar presente una
banda p41 (p45/43), que representa a la actina celular (si Montagnier ahora cree
que la p41 es una proteína del “VIH”, ¿por qué sigue excluyendo a esta banda de
sus criterios para que a un Western blot se lo considere positivo?) (95)
A27.
La proteína p24 no es suficiente para poder diagnosticar la infección por el
“VIH”, porque no es específica. De hecho, no se ha informado que ninguna otra
proteína del “VIH”, ni siquiera la p41 (p45/43), reaccione más a menudo con
suero procedente de sujetos sanos (que no están a riesgo de Sida). Ni siquiera
se halló que un anticuerpo monoclonal contra cualquiera de las otras proteínas
del “VIH” reaccione más a menudo con proteínas presentes en los cultivos en
vitro no “infectados” o con suero procedente de individuos que no están a riesgo
de Sida. Según Montagnier, ello es debido a que: (a) “éstas son proteínas
celulares que se encuentran en todo lugar –hay un ruido de fondo no específico”;
(b) una de esas proteínas, con un peso molecular de 45/43, es la actina; y (c)
esta proteína reaccionó con suero procedente de sujetos que no estaban a riesgo
de Sida; la p45/43 representa una proteína celular, no una viral. Sin embargo,
dado que: (i) la miosina es tan ubicua como la actina. (ii) la miosina tiene una
cadena ligera con un peso molecular de 24.000. (iii) las proteínas del
citoesqueleto (entre las que la actina y la miosina son las más abundantes) han
sido señaladas en el “VIH puro”.(91-94) De hecho, se considera que la miosina y
la actina desempeñan un papel importante en la gemación y producción de las
partículas del “VIH”.(91) y (iv) Montagnier demuestra que los pacientes con Sida
y los que están a riesgo de Sida tienen anticuerpos anti-miosina. Entonces, ¿por
qué no se debería considerar que la banda de la p24 representa a la miosina?
A28.
Estamos de acuerdo en que ninguna proteína es suficiente para diagnosticar la
infección por el “VIH”. Entonces, el problema en aquel entonces y también hoy en
día, no era “saber si era un HTLV o no”, sino si era retroviral o no. No todo lo
que no es el HTLV es retroviral.
A29.
1. Actualmente no existe ninguna prueba de que cualquiera de las proteínas que
bandean a 1,16g/ml sean proteínas del “VIH”. La única razón por la que se
considera que el 20% de las proteínas que bandean a 1,16g/ml son el “VIH”, es
porque se halló que esta fracción de proteínas reacciona con diferentes sueros
de pacientes de Sida en algún momento u otro.
2. Estamos de acuerdo que con la técnica usada por el grupo de
Montagnier no se puede probar cuáles proteínas (o ácidos nucleicos) son
celulares y cuáles son virales.
3. Estamos de acuerdo. El único modo para poder probar la
existencia de proteína viral (ácidos nucleicos) es realizando la “purificación
del virus al máximo”, es decir, obteniendo gradientes de densidad compuestos
únicamente por partículas con las características morfológicas de los
retrovirus, y nada más. Pero esto nunca se hizo para poder probar la existencia
de proteínas y ácidos nucleicos del “VIH”.
4. Si siempre se “tropieza con las mismas proteínas” en los
gradientes sucesivos, ello no es prueba de que estas proteínas sean virales y de
que las que desaparecen sean celulares.
A30.
1. No importa cuántas veces se repita el bandeo, puesto que si se comienza con
partículas que no son semejantes a retrovirus, se termina sin esas partículas.
Algunas veces, realizando sucesivos bandeos, se puede lograr eliminar
componentes no retrovirales y obtener una banda que contiene nada más que
partículas con las características morfológicas de los retrovirus. Sin embargo,
para lograrlo, aun después del primer bandeo, se debe comenzar con una
proporción relativamente alta de partículas semejantes a retrovirus.
2. Otra vez, no se puede determinar el origen de las proteínas
realizando el análisis molecular, es decir, secuenciando las proteínas.
3. Estamos de acuerdo en que si las proteínas de un retrovirus son
codificadas por su genoma, tal como se acepta en general, entonces podría ser
posible caracterizar las proteínas retrovirales de acuerdo con su genoma. Sin
embargo, para poder hacerlo primero se debe demostrar que el ARN (cADN) es un
componente de una partícula retroviral. Pero esto no se hizo en lo que respecta
al genoma del “VIH”. De hecho, aún hoy en día no hay prueba de que el ARN del
“VIH” sea un componente de una partícula, de cualquier partícula, viral o no
viral.
4. Hasta el día de la fecha, no existe ninguna prueba de que haya
una relación entre las secuencias en el ARN (ADN) del “VIH” y las secuencias en
las proteínas “observadas mediante inmunoprecipitación o mediante electroforesis
por gel”. De hecho, no existe ni siquiera una relación entre el tamaño de las
proteínas codificadas por los genes del “VIH” y el tamaño de las proteínas
“observadas mediante inmunoprecipitación o electroforesis por gel”. Por ejemplo,
en 1987, Gallo y sus colegas realizaron un “análisis con el ordenador” de las
“secuencias aminoacídicas de los complejos proteicos de la envoltura, derivados
de las secuencias de ácido nucleico de siete extractos del virus del Sida”, y
concluyeron que “según el cálculo, la gp41 debería tener un peso de 52 a 54
daltons”. (96)
5. Uno de los tantos aspectos extraños del “VIH” es el siguiente:
(a) Los expertos del “VIH” están de acuerdo en que ni dos “VIHs” tienen las
mismas secuencias genómicas, y que la diferencia puede alcanzar hasta un 40%;
(67) y (b) También reconocen que la gran mayoría (el 99,9%) de los genomas del
“VIH” es incompleto, es decir, les falta parte de un gen/es, o gen/es completos.
Entonces ¿cómo es posible: (i) medir la carga [burden] viral (“el ADN del VIH”)
y la carga [load] viral (“el ARN del VIH”) utilizando las mismas sondas de
hibridación e iniciadores de la PCR y (ii) llevar a cabo tests de anticuerpos
mediante el uso de kits de tests que contienen los mismos antígenos para todos
los varios “VIHs”?
6. Efectivamente, la historia de cómo los investigadores del “VIH”
trataron de probar la existencia de la p120, y de cómo en última instancia ellos
se pusieron de acuerdo sobre su existencia es muy interesante e instructiva.
(32) Sin embargo, dado el hecho de que se considera que la proteína p120 está
presente sólo en las protuberancias, hasta ahora no se informó de la existencia
de ninguna partícula del “VIH” libre de células que tenga protuberancias. Se
deduce que ni las partículas en el sobrenadante del cultivo en vitro, ni el
virus “puro” van a tener la gp120. Es decir, es imposible que las bandas del
RIPA o del WB tengan una proteína del “VIH” de un peso molecular de 120.000.
A31.
No se encuentra una prueba de este tipo en la bibliografía publicada.
A32.
1. Antes de Marzo de 1997, ningún grupo de investigadores del “VIH” había
publicado ni siquiera una simple micrografía electrónica del material que bandea
a la densidad de 1,16gm/l en el gradiente de densidad de sacarosa. Las primeras
EM del material bandeado en gradientes de densidad de sacarosa aparecieron en
1997 en dos publicaciones, una franco-alemana y la otra procedente del Instituto
nacional norteamericano del cáncer (NCI, por sus siglas en inglés). (89) Las
micrografías EM franco-alemanas proceden del gradiente de densidad de sacarosa
de 1,16gm/ml, mientras que no es posible decir de cuál densidad derivan los
resultados del NCI. Las conclusiones de ambos estudios revelan que la gran
mayoría del material “no es viral”, virus “falso”, “microvesículas” celulares,
es decir, el material bandeado es prácticamente todo celular. Estas partículas,
como las partículas retrovirales, contienen ácidos nucleicos, además de
proteínas que sin embargo, no están tan condensadas.
2. Las micrografías EM de ambos estudios también contienen un
pequeño número de partículas que tienen morfologías que se parecen más a las
partículas retrovirales que a las partículas “falsas”. Ambos grupos afirman que
las partículas en menor número son el “VIH”.
3. En el estudio del NCI no se dan las razones por las que se
afirmó que estas partículas son el “VIH”. Los autores del estudio franco-alemán
afirman que las partículas son el “VIH” porque tienen: (a) “diámetros de
aproximadamente 110 nm”; (b) un “núcleo denso con forma de cono”; (c) “cuerpos
laterales”; y porque no se vieron dichas partículas en el material bandeado
procedente de las células del grupo de control no “infectadas”. Sin embargo, de
acuerdo con investigadores retrovirales famosos como Bader y Frank, un tipo de
“partícula oncoviral” puede transformarse en otra, y núcleos inmaduros pueden
transformarse en “maduros”, simplemente cambiando las condiciones
extracelulares.(11-97) No obstante, las condiciones de cultivo en vitro de las
células “infectadas” y no infectadas no eran las mismas. Un diámetro de 100 a
120 nm y protuberancias de superficie son dos características morfológicas
compartidas por todos los retrovirus. Pero no parece que ninguna de las
partículas tenga protuberancias, y ninguna tiene un diámetro menor a 120 nm. El
cálculo de la media de los diámetros mayor y menor de las partículas indicadas,
que se considera que representan al “VIH”, y la suposición de que todas las
partículas son esféricas, demuestra que en el estudio franco-alemán las
partículas son 1,14 veces más grandes que las partículas retrovirales
auténticas, y que las partículas del NCI son 1,96 veces más grandes.
Estos resultados se traducen en volúmenes que son 50% y 750%
mayores, respectivamente. Puesto que la densidad es la relación entre masa y
volumen, de manera proporcional estas partículas tienen que tener masas más
elevadas. Dado el diámetro máximo de las partículas retrovirales, y el hecho de
que dichas partículas contienen una masa fija de ARN y proteína, parece
insostenible que las partículas que ambos grupos consideran el “VIH” sean la
misma partícula o partículas retrovirales. La otra única explicación posible
ante estos resultados es que las micrografías electrónicas no sean de la banda a
1,16gm/ml, o que el bandeo no haya sido al equilibrio, en cuyo caso se debe
redefinir la alta densidad de los retrovirus.
Se considera que las partículas del “VIH” tienen un núcleo viral
con forma de cono, con cuerpos laterales densos en cada lado del núcleo. Pero no
se puede ver ninguna característica de ese tipo en las EM publicadas en estos
dos estudios. Por lo tanto, por definición, ni siquiera se puede considerar que
las partículas sean semejantes a retrovirus.
Considerando que en ambos estudios los cultivos en vitro de control
“no infectados” eran de células H9, y el hecho que Gallo en el lejano 1983
afirmó que estas células estaban infectadas por el HTLV-I, es un enigma que no
se haya informado de la existencia de partículas semejantes a los virus en el
material bandeado procedente de estos cultivos en vitro.
A33.
Las micrografías de la banda a 1,16g/ml son profundamente interesantes y
significativas. Si no, cómo se puede saber que allí existen partículas
semejantes a retrovirus, particularmente porque incluso Montagnier admite que
allí podrían bandear otras cosas. Para cualquier científico que afirma tener
pruebas de aislamiento, es decir, purificación de un retrovirus utilizando
bandeo en gradiente de densidad de sacarosa, es vital y absolutamente necesario
obtener micrografías electrónicas de la banda a 1,16g/ml que muestre nada más
que partículas semejantes a retrovirus.
A34.
Si así fuera, ¿por qué estos resultados no están disponibles en la bibliografía
científica?
A35.
En uno de sus artículos de 1984, (22) Montagnier y sus colegas escribieron lo
siguiente: “Varias características indican que el virus LAV o los virus
relacionados con el LAV pertenecen a la familia de los retrovirus. Utilizando la
microscopía electrónica se observaron partículas en gemación en la membrana
plasmática. La densidad del virus en gradiente de sacarosa es de 1,16, y se
encontró que la actividad de transcriptasa inversa dependiente del Mg2+ está
asociada con los viriones che contienen ARN”. Sin embargo, en esta entrevista
Montagnier reconoce lo siguiente: (a) “Publicamos imágenes de gemaciones que son
características de los retrovirus. Dicho esto, y solamente basándose en la
morfología, no se podría decir que se trataba verdaderamente de un retrovirus...
Las primeras micrografías de la gemación podían referirse a un virus de tipo C,
pero no se puede distinguir... No... pues, después de todo, sí... podría ser
otro virus en gemación”. (b) a la densidad de la sacarosa de 1,16 gm/ml no sólo
Montagnier y sus colegas no vieron una partícula retroviral, sino que dijeron
repetidamente que no vieron partículas semejantes a retrovirus; y (c) aunque a
la densidad de la sacarosa de 1,16 gm/ml detectaron transcripción inversa del
iniciador An.dT12-18 en presencia de Mg2+, no tenían partículas y por lo tanto,
no tenían pruebas de la “actividad de transcriptasa inversa que se encontró que
estaba asociada con los viriones que contienen ARN”.
Además, en este estudio (22) ellos demostraron que las polimerasas
a ADN beta y gama y la de las células no infectadas transcriben inversamente
An.dT (12-18) en presencia de Mg2+. Por consiguiente, las condiciones y
resultados del mismo Montagnier no prueban su afirmación de que lo que él “vio”
y “encontró” sea un retrovirus. Si el “VIH” “existe” y para Montagnier es
“claro” que él “lo vio” y “lo encontró”, ¿dónde está la prueba?*
Eleni Papadopulos-Eleopulos (1) Valendar F.
Turner (2) John M. Papadimitriou (3) Barry Page (1) y David Causer (1)
(1) Departamento de Física Médica; (2)
Departamento de Medicina de Emergencia del Hospital Royal Perth, Perth,
Australia Occidental; (3) Departamento de Patología de la Universidad de
Australia Occidental.
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